Columnistas

La rueda de la vida

04 de junio de 2018

¿Qué quiere decir la palabra vida? Encontré que según el diccionario de la Real Academia Española, RAE, existen varios significados: fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee. Energía de los seres orgánicos. Existencia de seres vivos en un lugar. Estado o condición a que está sujeta la manera de vivir de una persona. Tiempo que transcurre desde el nacimiento de un ser hasta la muerte o hasta el presente. Duración de una cosa. Narración de los hechos principales de una persona. Y finalmente esencia o complacencia en los seres.

Utilizar la razón para valorar la vida y protegerla es uno de los muchos mensajes que por este medio hemos insistido, y tiene mucho sentido para aquellos que dedican toda su existencia a la preservación de la misma a través de la prevención de los factores que la afectan o reduciendo sus pérdidas por los desastres, o de bienes sociales, económicos y ambientales de las comunidades y las sociedades expuestas a los peligros. Es decir, utilizan todas las acciones necesarias para evitar la desaparición de la energía, la fuerza, la existencia, el tiempo, la memoria, los hechos o sencillamente, la esencia en nuestra todavía vital nación.

Por esto que el país debe recuperar el camino de la prevención de los hechos que la afectan y no conformarnos en atender situaciones que muchas veces son inevitables. En gestión de riesgos todos debemos incrementar nuestra propia capacidad de permanecer sobre territorios sostenibles y salir corriendo de estos. Por esto las mismas agencias de prevención de riesgos de las naciones unidas ya están hablando que su principal logro es la sostenibilidad ambiental social y económica de los países. No existen líneas divisorias como se pensaba, al contrario, una política ambiental bien diseñada evita, previene y reduce cualquier desastre que ponga en peligro la vida.

Y ni se diga cuanto relacionados la gestión del riesgo con la pobreza en países con un clima extremo cambiante. Está demostrado desde las Naciones Unidas que países de bajos ingresos con una gobernanza débil, con una planificación y gestión deficientes del desarrollo rural y urbano, con medios de vida rurales vulnerables, alta degradación ambiental, pobreza y la desigualdad, generan por supuesto y acumulan una mayor vulnerabilidad y riesgo de desastres en comunidades y hogares de bajos ingresos que en cualquier otra circunstancia.

La relación de pobreza y desastres no es lineal, sino que se alimenta mutuamente. Es decir, si no se aborda la pobreza y la desigualdad subyacente de manera conjunta, el riesgo de desastres seguirá aumentando y las pérdidas socavarán cualquier progreso en línea de desarrollo sostenible de cualquier nación.

Su relación directa con el desarrollo es innegable. La gestión del riesgo de desastres maximiza los beneficios y reduce los costos en las inversiones, así como aprovecha las oportunidades de integrar la reducción del riesgo en los instrumentos de desarrollo social o económico existentes en sectores productivos de cualquier región.

Según las Naciones Unidas, en la mayoría de las economías, la inversión pública representa tan solo entre el 15 % y el 30 % de la formación de capital total necesario para proteger la vida. Por lo tanto, es necesario completar la estrategia financiera con la capacidad innovadora que tiene el sector privado para incrementar el presupuesto para tal fin. Al fin y al cabo cuando hablamos de territorio o de cuenca los beneficios son para todos, son compartidos.

La inversión privada en prevención de riesgos hace que se mejore el desempeño y la reputación de cualquier empresa al invertir en conocimiento e investigación para levantar los estudios necesarios de amenazas y vulnerabilidades que el Estado no puede garantizar, minimizando la incertidumbre y la impredecibilidad.

Más que una línea de la vida, podríamos decir que es proceso cíclico como una rueda, donde para el mismo diccionario RAE significa proteger la propia existencia inclusive después de la muerte.