La libertad bien vale un abrazo
Mi general Rubén Darío Alzate se sacó solito de las filas. Su testimonio de final de telenovela huele a ingenuidad. Se supone que los generales están hechos para la trompada a lo Pedro Navajas. Tienen prohibida la ternura.
La suerte estaba echada. El general perdía con cara y en cambio no ganaba con sello. Malo si decía lo que admitió en el comunicado, o sea, que dejó a su escolta jugando tute para generar confianza entre la marginada población chocoana por la que venía trabajando; peor, si hubiera inventado otros motivos.
Como me ha ido bien vistiendo el Everfit del ingenuo, creo las explicaciones. Aplaudo que se vaya a acariciar el gato. Un general buena gente, sensible, sonriente como un testigo de Jehová, dueño de un divertido tumbao a la hora de marchar, no rima para combatir el horror que Dios en su extraña bondad nos deparó.
Ahora se puede dedicar a enseñar táctica y estrategia. “Cuando no sepas de algo, dedícate a enseñarlo”, trinaba mi tocayo Wilde.
Esperemos a ver si los otros secuestrados, “buliniados” por el Procurador que quema libros, coinciden con el general de dos soles apagados. Alzate quedó en la condición de general de un sol: del que alumbra para todos.
Por lo pronto, salvó el matrimonio, algo más importante que tener las charreteras ametralladas de placas.
Casado como estoy hasta el RUT con los diálogos de La Habana, me parece una bobada que se la monten porque apareció amacizado con Alape, el alebrestado en armas de las Farc que se mueve entre Cuba y la selva como Pedro Picapiedra por su rocacasa.
Y digo que es una bobada que se la monten por la foto con Alape porque eso de sobrevivir al menú fariano y salir con todos los huesos intactos, bien vale un abrazo tibio, sin ganas, como beso de boba.
Entrados en gastos, interpretémoslo como otro coqueto gesto en favor de la paz que por lo pronto solo nos la damos en misa. Ojalá esté próximo el día en que los hijos vuelvan a enterrar a los padres, no al revés, como sucede en la confrontación.
En la foto censurada, Alzate luce una sonrisa que más parece un falso positivo. Tampoco podía aparecer dándose en la jeta con Alape.
Mi general supo que regresaría a la civil cuando no vio en el comité de recepción al presidente “Juampa”. Lo ratificó al ver las caras de retrato hablado con que lo recibieron Mindefensa y la cúpula militar.
A lo mejor se hizo la misma pregunta que sus superiores: ¿Cómo mantener como jefe a un tipo que se porta como un recluta de primer semestre, que da semejante papayazo y sale en pantuflas a hacerse el pedicure a una zona plagada de “timochenkos”? General, bienvenido. Maluco también es bueno.