La Generación Guardería y el imperio de la fragilidad
Las sociedades contemporáneas se encuentran en la encrucijada entre defender y promover las libertades civiles y políticas, o contribuir a su destrucción. Además, viven la contradicción más grande desde las grandes revoluciones liberales de los siglos XVII y XVIII: los papeles se han invertido, y la libertad parece valer más allí donde escasea o se ha negado por completo, que en los países presumiblemente más abiertos y prósperos del mundo. Repasando hechos internacionales y algunas columnas de opinión, leía sobre una nueva ola de protestas en las principales ciudades de Irán, contra la rigidez del régimen teocrático de los Ayatolas y sus guardianes de la Revolución Islámica de 1979, y reclamando mayor apertura del sistema político. Al mismo tiempo, encontré una serie de artículos acerca de la nueva censura en Occidente, en particular en Estados Unidos, contra cualquier idea que pueda ser considerada ofensiva por lectores, televidentes o la opinión pública general.
Los famosos lectores de sensibilidad, o sensitivity readers, se han convertido en una policía del pensamiento en toda Norteamérica, y su importancia aumenta a medida que intervienen en cada vez más espacios: el cine, la televisión, la academia, la literatura, la música, en fin, todos los ámbitos de la vida social en donde alguien pretenda expresar su punto de vista, y sus palabras puedan herir los sentimientos o la dignidad e integridad de una comunidad étnica o religiosa. Su función consiste en identificar, al igual que los comités de censura en los regímenes dictatoriales, los contenidos no publicables por promover la discriminación o por plantear cuestiones polémicas que inciten al odio y a la violencia.
El asunto delicado de la nueva censura, es que se da en sociedades abiertas y supuestamente en virtud de la protección de los derechos individuales, pero al costo de negar su natural ejercicio y, de paso, convirtiendo a los nuevos adultos en pequeños incapaces de representarse a sí mismos. Dos figuras icónicas en la discusión de los problemas que aquejan a los Estados Unidos, como Ben Shapiro y Milo Yiannopoulos, han caracterizado a los jóvenes hipersensibles a la crítica y a la libertad de expresión (público objetivo de los lectores de sensibilidad), con el apelativo de Generación Guardería o Day Care Generation: caprichosos que luchan por el derecho a no escuchar otras ideas, y que reclaman con desespero a gritos) la atención de los mayores.
En su novela 1984, George Orwell retrató la forma en que tiene lugar la anulación del individuo en el totalitarismo, pero no imaginó que ese escenario se daría en el mundo democrático, y que los enemigos de las libertades se valdrían de la corrección política y el ablandamiento de las masas, para instaurar el imperio de la fragilidad.