La corrosión del carácter estadounidense
El historiador escocés Niall Ferguson, autor de “Civilización”, “La Gran Degeneración”, y del documental “China: Triunfo y Agitación”, es célebre por resumir las claves de la prosperidad y el éxito de las sociedades occidentales, en lo que él llama las Seis Aplicaciones Asesinas de Occidente (The Six Killer Apps of the West), para explicar, la gran divergencia que separó a la civilización occidental del resto del mundo durante varios siglos: 1. Competencia. 2. Revolución científica. 3. Derechos de propiedad. 4. Medicina moderna. 5. Sociedad de consumo. 6. Ética del trabajo.
Esas seis aplicaciones, que a su vez son la máxima expresión del Liberalismo político, filosófico y económico, permitieron la aparición de la imprenta, con la que las ideas pudieron circular más rápido y llegar a millones de personas en Europa y el mundo entero, como también los mayores desarrollos en el transporte durante la primera Revolución Industrial, a partir del siglo XVIII, hasta llegar a Silicon Valley y a parques científicos y tecnológicos similares, en donde hay una carrera vertiginosa de innovación en todos los órdenes, y se generan soluciones a problemas y necesidades reales de la gente, traduciéndose en mayor riqueza y prosperidad. Personajes como Elon Musk, uno de los más grandes innovadores de los tiempos actuales, constituyen el paradigma del máximo aprovechamiento de las killer apps, convirtiendo en grandes empresas como SpaceX, Tesla Motors o Neuralink, ideas que resultan de la investigación científica.
Pero Niall Ferguson también plantea que Occidente podría colapsar, de la misma forma que ocurrió con Roma y otros imperios mayores, por sus propias contradicciones. En Estados Unidos se puede apreciar un ejemplo de decadencia, declive o degeneración de los valores liberales que llevaron al país a la grandeza, con los famosos espacios seguros (safe spaces) y las áreas de libre expresión (free speech areas), creados por la izquierda estadounidense (o liberals, como se les conoce comúnmente) para supuestamente proteger a los jóvenes universitarios y a las minorías de los discursos que les puedan parecer incómodos o desafiantes, al punto de que cualquier crítica en cuestiones de género, raza, familia, religión, el papel del Estado en la economía, o incluso hacer honores a la bandera nacional, es señalada inmediatamente como un discurso de odio (hate speech) en auditorios, medios de comunicación, redes sociales y, desde luego, Hollywood. Es la negación del debate abierto, del ejercicio de las libertades más elementales, en una sociedad cuyas élites promueven en la gente una suerte de rechazo a los valores esenciales que les han dado la cohesión y el carácter como nación, sumergiéndose en el adormecimiento del pensamiento políticamente correcto, que en palabras del escritor ruso Vladimir Bukovsky es “el nuevo gulag”, como una prisión del pensamiento. Actores como Tim Allen y Clint Eastwood han hecho denuncias al respecto, en entrevistas y hasta en series de tv en las que participan. En definitiva, puede ser que las killer apps han sido infectadas por un virus llamado corrección política, causando la corrosión del carácter estadounidense.