Columnistas

Ingreso mínimo garantizado

16 de abril de 2018

Ha llamado la atención el libro de Chris Hugues (Fair shot: rethinking inequality and how we can earn, 2018). Además de los méritos propios del libro, otro de sus atributos es que fue escrito por uno de los cofundadores de Facebook. Es impactante, en todo caso, que un joven emprendedor, que a su corta edad ya ha amasado un considerable patrimonio, se atreva a hablar del complejo tema de la desigualdad y proponer una política pública para paliarla.

En el libro Hugues hace un recuento de los factores que permitieron su propio éxito y el de Facebook. Después de hablar de su infancia y juventud lleva al lector hasta su papel en la empresa. La buena fortuna surgió de una mezcla de avances tecnológicos, globalización y formas de financiamiento. La tesis central es que ese tipo de virtudes fue aprovechado por un pequeño grupo de individuos. Estos, por cierto, tuvieron suerte y condiciones iniciales que les facilitaron las cosas. En el caso de Hugues, su llegada a Harvard se debe a que se trata de un chico listo que sacó provecho del sistema educativo y pudo acceder al ambiente estimulante de una universidad de primer nivel.

Las dotaciones iniciales de ese grupo de estudiantes fueron determinantes. Si se generaliza, las dotaciones propician la creación de la riqueza. No existe justificación moral en esas condiciones para la desigualdad y la política pública debe compensar las cargas. La solución de Hugues es hacer pagar a los ricos, para financiar un ingreso garantizado para la clases media y baja. Recurre, incluso, a la historia cuando recuerda iniciativas parecidas que en el pasado fueron costeadas con impuestos a los ricos. Las cifras del plan le permitirían alcanzar a 90 millones de estadounidenses y sacarían de la pobreza a 20 millones de ellos.

La idea no es nueva y la han suscrito economistas con posturas muy diferentes como Hayek, Tobin y Friedman. Aunque hay que reconocer que las razones que exponen para hacerlo son muy diferentes. Recientemente, su defensor más ahincado es Van Parijs dentro de una corriente radical de la economía.

Por atractiva que pueda resultar esta idea, en un país avanzado e igualitario como Suiza la iniciativa fue derrotada en las urnas. Fueron varias las razones para ese fracaso. Lo primero, es que la reducción de la desigualdad requiere tanto de políticas redistributivas como de fortalecimiento de la salud y la educación, hay que lograr un buen balance entre esas dos políticas. Tampoco se puede pretender acabar totalmente con la desigualdad, eso es irrealista y es inalcanzable sin hacer estallar las finanzas públicas. Existe una consideración que puede denominarse de equilibrio general, en la que se tiene en cuenta el sistema de conexiones e incentivos que tienen los mercados. En el mercado laboral, en particular, el ingreso garantizado puede destruir los incentivos para que los trabajadores ofrezcan sus servicios. El argumento más fuerte se refiere a que para reducir la desigualdad de las sociedades modernas lo indispensable es crear empleos y oportunidades de emprendimiento.