Estados Unidos y Corea del Norte: de la retórica a la realidad
En un mundo caótico, desordenado y conflictivo, el poder de los Estados para defender el interés nacional y evitar tensiones, depende siempre de la información que posean sobre sus rivales, y el poder no solo se ejerce como resultado de un despliegue de hybris, o desmesura, ni atiende únicamente a los signos del momento, que es la impresión que se transmite con frecuencia a la opinión pública global, desde las grandes cadenas noticiosas.
Luego de los ejercicios militares anuales entre Estados Unidos y Corea del Sur, a comienzos del mes de agosto, Kim Jong Un, presidente de Corea del Norte, anunció el plan de lanzar en los próximos días cuatro misiles de mediano alcance, tipo Hwasong-12, contra un objetivo puntual: la isla de Guam, un territorio estadounidense de ultramar en el Océano Pacífico. El presidente Trump respondió que Estados Unidos reaccionaría con fuego y furia ante la provocación norcoreana.
Con el intercambio retórico entre Kim Jong Un y Donald Trump, muchos se apresuran a anunciar que este podría ser el inicio de la Tercera Guerra Mundial. Pero siendo serios y analizando el contexto geopolítico, no hay tantas probabilidades de que la confrontación vaya a desatarse pronto, o al menos, por causa del lanzamiento de los misiles. En primer lugar, Corea del Norte tiene una larga historia de pruebas fallidas en el uso de su tecnología militar, no obstante hay algún riesgo de que esta resulte exitosa. Además, tanto Estados Unidos como Japón disponen de avanzados sistemas antimisiles, de modo que si el lanzamiento se efectúa, la respuesta de los dos países directamente afectados por la acción del régimen norcoreano, sería rápida y acertada, en el caso de que solo contemplaran la opción defensiva. En tercer lugar, existen otros equilibradores de la situación en el corto y mediano plazo, como China, Rusia y Corea del Sur. Los dos primeros tienen el poder para condicionar su apoyo a Kim Jong Un, a la disminución de las tensiones con Estados Unidos, con el que mantienen una estrecha cooperación comercial y energética, mientras que las relaciones bilaterales de este último con Corea del Sur cumplen la función estratégica de mantener a raya cualquier pretensión por parte del norte de atacar al sur.
Así, el conflicto puede mantenerse en una situación de incertidumbre por mucho más tiempo, pero es claro que una gran guerra no tendrá lugar ahora mismo, sobre todo, cuando todos tienen mucho que perder en un escenario tan complejo. Pronto, la tormenta en el Pacífico se disipará.