Columnistas

EL INVIERNO ALERTA AL PAÍS

17 de octubre de 2017

De acuerdo con la Superintendencia de Servicios Públicos, 587 municipios colombianos no tienen planes de emergencia para enfrentar las contingencias que trae el invierno, de los cuales, el estudio señala que hay 36 municipios en Antioquia. Lo paradójico es que Medellín haga parte de ese grupo de poblaciones.

Parece que no aprendemos de las amargas experiencias del pasado, la dolorosa lección que nos deja cada temporada invernal. Siempre que llegan las lluvias nos cogen por sorpresa, y cuando ocurren las tragedias, se afirma que los estudios ya lo habían advertido. No sabemos qué pasa en materia de prevención de situaciones calamitosas, porque a la hora de la atención, pues la queja no es mayor y se acude a la solidaridad ciudadana con colchones, frazadas, agua potable y alimentos no perecederos.

Pero esa no es la idea, tener que salir a auxiliar damnificados, que pudieron haberse reubicado en zonas que no fueran de alto riesgo. La idea está en que haya un manejo complejo de prevención de desastres mediante el monitoreo de laderas inestables y afluentes de agua, que por tradición se han represado y desbordado. No le echemos toda la culpa al invierno, al cambio climático y a todo este cuento ambiental, que si bien es cierto ayuda a agravar la situación, también es responsabilidad de los alcaldes estar atentos en tiempos de sequía para que no se represen las aguas.

Las últimas emergencias de la ciudad y del Departamento, al menos las de mayor impacto, ya estaban sobrediagnosticadas, ya existían los estudios, ya las autoridades sabían a qué atenerse y cómo actuar. Y la historia se repite a lo largo y ancho del país. Por ejemplo, las riberas de los ríos Cauca y Magdalena están invadidas de casitas de madera, y allí las oficinas de atención de desastres solo les dicen a las familias que están en zona de alto riesgo.

Varios municipios de Antioquia están advertidos de posibles situaciones de avalancha, pero no se sabe hasta el momento quién se apersona de esa situación. Cuando ocurren los hechos, ahí sí se comienzan a buscar responsables. Demasiado tarde diría yo. Basta, pues, con revisar los archivos de los periódicos o escuchar las historias de personas mayores en cada uno de los pueblos de Antioquia para entender que las tragedias se repiten, y que como advierte el dicho popular: las aguas se cobran su cauce.

Se requiere, entonces, una política ambiental más agresiva por parte de las corporaciones autónomas regionales para evitar la deforestación en las zonas de alta ladera. Igualmente, que estas entidades, de manera mancomunada, trabajen con las administraciones locales para reubicar familias y, sobre todo, montar sistemas de monitoreo permanente que vigilen los puntos críticos detectados como de gran amenaza.

No pequemos por omisión, que de ese pecado ya está cansado este país. Actuemos y evitemos que los ríos y los deslizamientos sigan ahogando nuestros pueblos y ciudades.