DEPORTISTAS OLÍMPICOS NO DEBERÍAN NADAR EN AGUAS NEGRAS
Por LYNNE COX
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Este verano, cuando los Juegos Olímpicos tengan lugar en Río de Janeiro, nadadores maratonistas, veleros, y triatletas tendrán que competir en las aguas extremadamente contaminadas de la Bahía Guanabara y cerca de la Playa Copacabana. Cualquier deportista que entre en contacto con estas aguas tiene alta probabilidad de enfermarse. Miembros del equipo de remo de los Estados Unidos y veleros competitivos se han enfermado con diarrea, vómito y síntomas del flu después de entrenar y competir cerca de Río, y tienen solo contacto incidental con el agua.
Yo soy nadadora de larga distancia en aguas abiertas. La única vez que fallé fue cuando me enfermé de gravedad durante una carrera en el Río Nilo. Aunque no lo sabía en ese entonces, yo ya estaba enferma con disentería por entrenar en aguas contaminadas.
Me preocupa que los entrenadores y deportistas que van para los Olímpicos en Brasil este año no están bien informados acerca de estos riesgos. Aguas negras crudas de los 12 millones de personas del área metropolitana de Río, suficiente para llenar 480 piscinas olímpicas, fluyen hacia la Bahía Guanabara diariamente. Y esas aguas fluyen directamente hacia la Playa Copacabana, el lugar de la competencia de natación maratónica.
Fernando Rosado Spilki, un virólogo experto en calidad de agua de la Universidad Feevale en Brasil, fue contratado por la Associated Press para analizar las condiciones de todas las aguas en los lugares de las competencias. Identificó niveles de virus 1.7 millones de veces lo que serían considerados peligrosos en una playa de California. Spilki concluyó que “la cantidad de materia fecal entrando en las aguas de Brasil es extremadamente alta”. Me dijo que “es muy probable que una persona nadando en estas aguas sea infectada”.
La AP también le pidió a Kristina Mena, una experta en manejo de riesgo para enfermedades transmitidas por el agua en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Texas, que examinara los resultados de Spilki. Ella predijo que los deportistas que ingieren solo tres cucharaditas del agua de la bahía tienen un 99 por ciento de probabilidad de infección.
Cuando Río ganó los Juegos en el 2009, el Comité Olímpico Nacional de Brasil reconoció las condiciones inseguras y anunció planes para instalar ocho plantas de tratamiento de aguas. Pero a eso del año pasado, solo una había sido construida. Cuando le preguntaron sobre el compromiso de Brasil con limpiar las aguas, el secretario ambiental de Río dijo, “no va a suceder.” Reconoció que la ciudad no cumplirá con su promesa de reducir la contaminación, y en cambio citó esfuerzos para prevenir que la basura entre en las vías navegables por medio del uso de barreras, redes, y botes para el dragado, un manejo completamente inefectivo para la amenaza causada por bacteria y virus.
El jefe de seguridad de Brasil para los Juegos y el ministro de los Deportes han renunciado recientemente, y la presidenta, Dilma Rousseff, enfrenta la impugnación después de una investigación de corrupción. Es obvio que el país no podrá cumplir con su exuberante promesa de unos “Juegos Verdes para un Planeta Azul”. Los deportistas no deberían tener que nadar entre aguas negras en busca de sus sueños olímpicos. Se tiene que hacer algo para protegerlos.
Jack Simon, expresidente de la Asociación americana de entrenadores de natación y exasesor de tres equipos olímpicos de natación de los Estados Unidos, me dijo, “los deportistas deberían pensar en retirarse si los asuntos de seguridad no son manejados porque ningún deportista debería arriesgar su salud para competir en los Juegos Olímpicos”.
El presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, ha dicho que “el área de competencia para los deportistas ofrecerá condiciones seguras y justas”. Es la responsabilidad del Comité asegurar que así sea. Los eventos acuáticos tienen que ser trasladados a aguas sanas y limpias. Y si eso no se encuentra en Brasil, tienen que ser transferidos a otro país.
Dicha movida podría ser la única solución, aparte de cancelar estas carreras. Pero eso destrozaría los sueños de los deportistas quienes han soñado durante todas sus vidas llegar a los Juegos Olímpicos. Ellos merecen la oportunidad de competir donde las aguas no les harán daño.