Columnistas

Deporte de élite como ejemplo o como síntoma

25 de enero de 2016

Cuando estalló el escándalo por posibles sobornos a tenistas de alto nivel para que se dejaran ganar, el actual número uno, Novak Djokovic, confesó que hace unos diez años rechazó una oferta de 200.000 dólares por perder. A ojos del mundo le honra haber rechazado semejante suma cuando aún se encontraba lejos de la cima del tenis. Sin embargo, puede sorprender que su sentido de la ética no haya ido más allá para denunciar una práctica que enturbia y que pone en peligro la pasión de su vida: el tenis.

No hizo lo mismo el exfutbolista Simone Farina cuando un compañero de equipo en la segunda división del fútbol italiano intentó convencerlo de aceptar un soborno de 200.000 euros para dejarse ganar un partido de copa. Lo rechazó y fue a la policía, que detuvo a 17 personas, cinco de ellas futbolistas profesionales. Detrás de esos amaños se encontraba una organización, con base en Singapur, que apostaba hasta 1,5 millones de euros en los partidos del fútbol italiano.

Farina consideró exagerados los calificativos de “héroe” de la prensa y rechazó la oferta que le hizo la federación de su país de entrenarse con la selección italiana como “premio a su conducta”. Joseph Blatter incluso lo nombró embajador de la FIFA para el Fair Play, lo que resulta paradójico. Farina trabaja como entrenador comunitario del Aston Villa, un prestigioso club inglés. El “único” premio a su honradez quizá sea el respeto que se ganó entre tanta gente y el ejemplo que ha dejado.

Cuando le preguntaron si en algún momento se había planteado errar el penalti mal señalado del árbitro con el que México avanzó de ronda en la Copa Concacaf, un futbolista respondió que él se había limitado a cumplir su obligación como profesional.

Había sido tan escandaloso el favor del árbitro que ni siquiera los mensajes patrioteros lograron apagar el incendio en las redes sociales y en los medios de comunicación. Los años borrarán de la memoria esa copa conseguida por México, pero nadie habría olvidado un gesto deportivo por parte de sus jugadores.

El Fair Play no consiste en una serie de recomendaciones para que los deportistas las sigan de forma voluntaria, sino en principios éticos que obligan por igual a atletas y jugadores de cualquier disciplina.

Los casos de corrupción en el deporte producen estruendo quizá porque, para millones de personas, el deporte se ha convertido en el único espacio impermeable a las catástrofes con las que bombardean los medios y que generan tanta desesperanza. El ser humano necesita ejemplos de coherencia a la educación ética recibida durante años para no sucumbir a actitudes cínicas y adoptar el lema de “ganar lo es todo”.

No todo está perdido en el mundo del deporte ni en el de medios que denuncian lo que pudre por dentro algo tan sagrado como el deporte.

* Centro de Colaboraciones
Solidarias.