Columnistas

Cultiva un jardín

14 de julio de 2017

“Si quieres ser feliz un día, embriágate; si quieres ser feliz una semana, cásate; si quieres ser feliz toda tu vida, cultiva un jardín”.

El 16 de julio es la fiesta de la Virgen del Carmen. Carmen es jardín y también poema. Jardín es poema, poema es jardín. Honrar a la Virgen del Carmen es ver en ella el jardín que soy y estoy llamado a cultivar, el poema que tengo por componer y cantar. Tarea del tiempo, camino de la eternidad.

Jardín es edén, paraíso, lugar ameno y delicioso, del cual habla el Génesis, y que es, no propiamente el lugar del cual venimos y que perdimos por culpa de nuestros primeros padres, sino la maqueta del lugar donde viviremos por toda la eternidad. Venir del jardín terreno, delicioso. Ir al jardín celestial, sublime.

Esta mansión divina tiene todo su sentido en la frase de San Agustín: “Después de esta vida Dios mismo es nuestro lugar”. O sea, jardín es edén, paraíso, en último término, Dios, el lugar donde viviremos como las flores divinas de ese jardín. Inimaginable, supremo vértice de la felicidad.

El corazón de Teresa de Jesús era el jardín de la ternura. “Me era gran deleite considerar ser mi alma un huerto y al Señor que se paseaba en él. Suplicábale aumentase el olor de las florecitas de virtudes que comenzaban a querer salir y que fuese para su gloria y las sustentase, pues yo no quería nada para mí, y cortase las que quisiese, que ya sabía habían de salir mejores” (Vida 14, 9).

Al hombre del siglo XXI le urge prestar atención al jardín, el huerto donde el jardinero cultiva flores, hojas de colores que llenan de brillo y esplendor la naturaleza, y de felicidad al que las cultiva y las contempla.

El hombre del siglo XXI hace de su corazón, aun sin darse cuenta, no un jardín, sino un zarzal, planta de espinas y abrojos, que son los sentimientos que hacen daño, como codicia, rabia, envidia, odio, mentira, engaño, vanidad. Aguijones con púas que hacen del corazón un erial.

Al hombre actual le corresponde la tarea ingente de cultivar el jardín de su corazón para que produzca flores de todos los aromas y colores, como la confianza, la gratitud, la paciencia, la acogida, la fortaleza y la solidaridad, en una palabra, las flores del amor, que llenan la vida de felicidad.

Donde no hay amor cultivo amor y así cosecho amor, la flor que convierte en jardín el corazón.