Columnistas

Corazones sostenibles

23 de julio de 2018

La torpeza de comprender las cosas ha permitido que los sistemas más vitales para su propia existencia estén rotos. El rompimiento de los sistemas hídrico, climático, energético, alimentario, salud, inclusive, del sistema nervioso, encargado de dirigir la relación entre nosotros, a través del cerebro y los sentidos, están rasgados. Todo esto ha hecho que volvamos a pensar sobre el futuro de la humanidad o simplemente el de nuestros hijos. De crear nuevas comunidades en donde todos quepamos, bajo principios del conocimiento aprendido de los errores del pasado y construyendo un futuro, no para el corto, sino de muy largo plazo.

Recordarán que en mis columnas hablábamos mucho de usar la razón. De colombianos con pensamiento y acción para la innovación, investigación aplicada, integración y respeto por el capital natural, que, a través de sus manos, el corazón y el cerebro garanticen el crecimiento sostenible de los territorios y prevengan los problemas, conflictos e impactos en el bienestar y salud de las generaciones presentes y futuras. Pues creo que ese puede seguir siendo el camino.

Necesitamos que la sociedad se conecte nuevamente. Sus vasos comunicantes están fragmentados y para ello necesitamos empezar a construir acuerdos desde lo más mínimo. Para ello debemos partir desde los valores del conocimiento común. De cómo vivir en equilibrio con la naturaleza entendiendo que necesitamos de sus recursos para la existencia. Y me atrevería a decir que gran parte de ese conocimiento viene de las mujeres. Ellas saben perfectamente cómo cuidar, cómo compartir, cómo vivir juntos, en familia. Esa es la capacidad que necesitamos incrementar en nuestro país, de cómo ser humanos en el futuro. Tal como lo dice la física y pensadora, Vandana Shiva, y aquí en Colombia tenemos muchísimas grandes pensadoras.

Por lo tanto, cada joven del presente deberá reconocer este camino y trabajar con sus propias manos y no con las de sus padres para construir su propia familia y cuidar sus propias semillas, para cosechar sus propios alimentos. Nuestros abuelos y padres ya nos lo enseñaron. Y estas manos por lo tanto deberán estar conectadas con el corazón, cerebro, espíritu y alma.

Somos parte de una casa llamada Tierra, y de la especie homo sapiens. El agua potable, el alimento, la salud, la educación y el crecimiento sostenible nos conectarán nuevamente.

Todos los problemas ambientales son creados por el hombre, por eso mismo los podemos solucionar, pero lo más importante, los podemos evitar. Fueron innecesarios y muy costosos. Su causa proviene del comportamiento individual no educado que genera tragedias colectivas, y su solución está en la modificación de esos comportamientos con procesos diseñados, exclusivamente, para alcanzar metas colectivas.

El temido color rojizo creciente de las montañas y selvas de Colombia a causa de la erosión y la deforestación, así como el color negro proveniente de la contaminación del aire y ríos, no puede convertirse en otra característica del país. Al contrario, creo que estamos a tiempo para transformar estas costumbres del pasado, pensando en la tierra que le dejaremos a nuestros hijos. Otros pueblos lo han hecho con mucho éxito, y el país no pueden ser la excepción. Al contrario, siempre fuimos ejemplo.

Nueva sociedad inteligente se construye sólo desde su capacidad colectiva, no individual, para diferenciar entre lo que es falso y verdadero, en el proceso de reconocer errores y encontrar solamente soluciones y no más problemas. Empecemos por eliminar el culto por el hacha e incrementar el amor por lo que tenemos.

La ciencia aplicada para lo necesario, el agua potable, el alimento, salud, participación y educación, y el consumo responsable nos conectarán nuevamente. Por muchos errores la irracionalidad ha reinado en muchos corazones, pero también grandes ejemplos exitosos de racionalidad florecen en muchos territorios. Esas lecciones nos llevarán a la soñada Colombia sostenible.

Desde cualquier lado donde estemos, seguiremos este camino, eso es lo hermoso de la sostenibilidad: economía, comunidad y naturaleza juntas, en equilibrio. Sólo millones de agradecimientos y amor desde mi nueva orilla.