Columnistas

Ciencia versus carreteras

24 de febrero de 2017

Si bien es fundamental para progresar y los países desarrollados lo han hecho a punta de ciencia, es uno de los primeros sectores que se recortan en tiempos de crisis económica.

Claro que hablar de recortes en Colombia es un chiste, porque nunca ha existido un presupuesto aceptable. Hoy la inversión es de solo 0,2% del PIB, cuando en 1994 la llamada Misión de Sabios, en la que estuvieron entre otros Gabriel García Márquez, Ángela Restrepo y Rodolfo Llinás proponia llegar al 1% al menos.

Todos los presidentes, desde entonces, han prometido más recursos pero al acabar sus mandatos las cifras no mienten: menos que con lo que iniciaron.

Ahora el gobierno Santos plantea destinar a otros fines 1,5 billones de recursos de regalías para ciencia, tecnología e innovación que no fueron ejecutados. No los destinarán siquiera para educación. No. La propuesta del Presidente es destinarlos para fomentar el deporte de moda en Colombia: construir más vías.

Pero eso de usar los dineros de regalías para C-I-T no es ningún atrevimiento, si miramos más allá: los recursos se usan vía aprobación de políticos (gobernadores) y no siempre para temas científicos, para generar conocimiento y aportar a la solución de nuestros problemas.

Se han usado para muchos otros fines, bajo el disfraz de la ciencia. Una vez, cuando el nuevo sistema de regalías comenzaba, me contó un reconocido investigador antioqueño que un ente de otro departamento le propuso presentar un proyecto de investigación determinado. Que lo pasara por X cantidad, pero que le darían Y.

Ya imaginamos dónde se quedaba el resto.

Mas el problema de fondo no es ese. Es el desdén por la ciencia. No es la propuesta de Santos, es el hecho de siquiera pensarlo que demuestra lo poco que el tema le importa, que no es exclusivo de él. Todos los presidentes han actuado de la misma manera.

Mientras la cabeza no se cambie el chip, no habrá recursos y los que hay no se invertirán con eficiencia, una conclusión válida para alcaldes y gobernadores que tampoco creen mucho en la actividad científica, tal vez sabedores de que es una apuesta a mediano y largo plazo para apalancar el desarrollo pero no da votos.

Casi 23 años desde la renombrada misión y hemos retrocedido en vez de avanzar.

Maullido: en EE. UU. también mal: científicos a las carreras recuperan datos antes de que Trump los borre.