A LAS AUDIENCIAS, MUCHAS GRACIAS
Defensor de las audiencias de El Colombiano.
Esta es mi última columna como Defensor de las Audiencias de EL COLOMBIANO.
Quiero expresarles a todos los lectores del periódico mi gratitud por el apoyo que me ofrecieron como un oidor de sus inquietudes.
Durante el año 2016 recibí 2.364 comentarios y críticas. Todos fueron dirigidos a los editores y macroeditores en la Sala de Redacción y a la directora del periódico. De igual manera lo hice desde que asumí este compromiso.
Valoro la colaboración de quienes con asiduidad reportaron los errores y equivocaciones sobre los contenidos informativos o solicitaron aclaraciones, rectificaciones y explicaciones.
Percibí en los mensajes la intención de ayudar a mejorar la calidad de la información. Entiendo que una imprecisión o un error generan malestar y desconfianza, aunque esta visión no coincida con la del periodista.
Defendí la aspiración de los lectores de encontrar en el periódico la información veraz, plural, responsable y transparente a que tienen derecho como ciudadanos y miembros de una comunidad en la que el periódico es el vocero de sus intereses vitales.
La columna semanal buscó echarle luz a las críticas y cuestiones de los lectores con un énfasis pedagógico para estimular la participación de las audiencias y su formación crítica y, a la vez, alentar la autocrítica entre los periodistas.
Los ciudadanos se ven hoy confundidos por el bombardeo de noticias y de contenidos falsos. Los periódicos tienen en esta coyuntura, que asusta a muchos, la oportunidad de mantener con coraje y transparencia los valores y principios del periodismo. Las defensorías, como instrumentos de autorregulación profesional, contribuyen a esta causa.
Gracias a mis antecesores. A Jesús Vallejo Mejía, Javier Darío Restrepo, Juan Luis Mejía y Juan José García les correspondió abrir la ventana a los lectores para que sus voces se oyeran y fueran tenidas en cuenta en la sala de redacción.
Y gracias a las directoras de EL COLOMBIANO, Ana Mercedes Gómez Martínez y Martha Ortiz Gómez, por el voto de confianza. Siempre gocé de independencia y autonomía para ejercer esta compleja labor de mediador, que pudo dejar lectores insatisfechos y periodistas inconformes, quizás porque el papel de la defensoría es hablarle a la conciencia de unos y otros, sin intervenir directamente en las decisiones que se tomen en la sala de redacción y en otras instancias.
“El Defensor apunta a la consecución de dos objetivos indisolublemente unidos: el primero, el lograr la excelencia profesional; el segundo, el servir con eficiencia al ciudadano”. Estas palabras del periodista y profesor universitario Carlos Maciá Barber guiaron mi gestión. Invito a las audiencias a participar activamente con sus comentarios, críticas y aportes, con el objetivo de mejorar la calidad de la información que reciben.
Y a los periodistas, a buscar la verdad, más hoy cuando se predican posverdades y otras ideas afines que son una trampa para el periodismo, las audiencias y los ciudadanos. Mantener los principios, abrirle las puertas a la innovación, robustecer las relaciones con las audiencias, recibir los comentarios de ellas con humildad y alentar la autocrítica, son requisitos de credibilidad y periodismo de calidad.
A todos nos interesa. Es, además, la obligación de quienes tenemos como misión garantizar el derecho a la información.