Océanos de plástico
Casi todas las formas de vida marina están afectadas por ese producto omnipresente. Mostramos la gravedad del problema y algunas alternativas para solucionarlo.
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Cada litro de hielo marino en el Ártico contiene 12.000 partículas de microplástico de 17 tipos distintos. Más de la mitad tiene menos de una veinteava parte de un milímetro, según el informe del Instituto Alfred Wegener de Alemania, publicado el miércoles pasado en la revista de ciencias Nature Communications.
No pasa prácticamente una semana sin que una investigación revele los estragos causados por el uso indebido de materiales de plástico. Hace solo quince días las autoridades de Murcia (España) divulgaron los resultados de la necropsia a un cachalote que murió en la playa de Cabo de Palos: en su estómago e intestinos se encontraron 29 kilos de plástico, incluido un contenedor de agua.
Miles de millones de pequeñas partículas plásticas y grandes piezas rondan por todos los mares y sus profundidades. Es que a los océanos están llegando cada año al menos ocho millones de toneladas de las distintas clases de este producto, en cuya fabricación se consume el 6 % del petróleo sacado de las entrañas de la tierra.
El 26 de enero pasado, un artículo en la revista Science mostró que al menos 11.000 millones de microplásticos se encuentran en 125.000 corales estudiados en la región del Pacífico (Australia, Tailandia y Myanmar), afectando la salud del 89 % de ellos. Había desde sillas hasta pañales de bebés, de acuerdo con Joleah Lamb, uno de los autores.
El origen
Los microplásticos se forman cuando los plásticos –el pitillo con el que toma la limonada y luego lo desecha, esos que le dan en la tienda para cargar el mercado, los vasos que expende la máquina de café, los empaques individuales de azúcar– se deshacen y son ingeridos por una gran cantidad de animales marinos que los confunden con alimento.
El 22 de marzo un estudio en la publicación especializada Scientific Reports informó que el Gran Parche de Basura del Pacífico, como se llama a uno de los puntos de los océanos al que las corrientes llevan las basuras, mide 1,6 millones de kilómetros cuadrados, 400.000 más que Colombia, y contiene unas 79.000 toneladas de plástico,
Los microplásticos, que apenas aportan 8 % de la masa, son el 94 % de los 1,8 billones de piezas en el parche, en el que las redes constituyen 46 %.
Y se vuelve un basurero
¿Por qué llega tanta basura plástica a los océanos? La producción es enorme y la disposición final de manera adecuada es reducida.
En los 50 se producían dos millones de toneladas al año. En 2016 fueron 335 millones, la mitad de los que solo se usan una vez. Así, desde mediados del siglo pasado se han producido 8.300 millones de toneladas, de las cuales 6.300 millones terminaron como basura. Solo 9 % se recicló, de acuerdo con una investigación de las Universidades de Georgia y California en Santa Bárbara, aparecida en la revista Science Advances. Se considera que 79 % de la producción se acumula en rellenos sanitarios o en el medio ambiente.
Los primeros estudios sobre la cantidad de plástico que llega a los océanos se dieron en 1975: 6,4 millones de toneladas, sumando solo lo que arrojaban los barcos, las operaciones militares y los accidentes de embarcaciones.
El último análisis, presentado en 2015 por Jenna Jambeck y colegas en la prestigiosa Science, arrojó que solo en 2010 a los mares llegaron hasta 12,7 millones de toneladas, aportadas por residentes en 192 países costeros, o sea entre el 1,7 % y el 4,6 % de los 32 millones de toneladas métricas de plásticos mal dispuestos en esas urbes, que entran al mar y se convierten en una amenaza para la vida.
No es de extrañar entonces que en la pequeña y deshabitada isla Henderson en el Pacífico se hubieran encontrado 18 toneladas representadas en 18 millones de piezas, según los investigadores de la Universidad de Tasmania. Un 68 % de los residuos estaban unos centímetros bajo la arena. Cada día, estimaron, llegan 13.000 trozos.
Efectos
Todo eso tiene impacto en la vida marina, aparte de la afectación de ecosistemas. Una revisión de estudios hecha por S. Gall y R. Thompson, del Centro de Biología Marina de la Universidad de Plymouth encontró informes de 693 especies perjudicadas por residuos. El 17 % de estas, por enredos con restos plásticos o ingestión, están en los libros rojos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como amenazadas o casi amenazadas.
Cálculos de otros investigadores publicados en Global Change Biology sugieren que 52 % de las tortugas han ingerido plástico. En septiembre pasado, por ejemplo, la Armada colombiana publicó un video de varios infantes que en alta mar encontraron una tortuga enredada en las fibras de una red, la sacaron, le retiraron las cuerdas que sujetaban sus aletas y cabeza y la devolvieron sana al agua.
Es llamativo lo que sucede con las aves marinas, uno de los grupos más afectados: en 80 de 135 especies con casos reportados entre 1962 y 2012 se encontraron individuos que habían ingerido plástico.
Qué hacer
Aunque provoca serios daños ambientales, es imposible suponer una vida sin plásticos. Desde la ropa hasta los autos y los computadores lo tienen. “Dormimos en ellos, los usamos, los vemos y estamos en contacto directo con este de una forma u otra en el día y la noche”, comentó John Vidal, en un artículo en The Guardian, antiguo editor medioambiental de ese medio. Los problemas vienen por el uso exagerado e innecesario y la inadecuada disposición final.
La organización Earth Day Network estima que cada minuto adquirimos un millón de botellas plásticas y usamos más de 4 billones de bolsas al año, además se consumen 500.000 millones de vasos desechables. Es precisamente el empaquetamiento de productos el que jalona la producción, representando en 2015 el 42 % de los plásticos sin fibra.
Para expertos como Vidal, hay que pasar más allá de la prohibición del uso de ciertos artículos como las bolsas (medida necesaria) para llegar a una regulación global de esos productos con el fin de racionalizar producción y uso.
En el Reino Unido el cobro de las bolsas redujo en 9.000 millones estos empaques, estimándose una caída de 30 % en las que llegan al océano.
El Ministerio del Medio Ambiente colombiano, al evaluar el primer año del impuesto a las bolsas, estimó que el uso por colombiano bajó de 25 a 15, con una disminución de 30 % en su producción.
Karnataka, India, prohibió cualquier artículo plástico para empacar o cargar.
Y cerca de 100 ciudades de Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia han prohibido el uso del poliestireno expandido o icopor, cuyo uso intensivo en el empaque de alimentos es uno de los más problemáticos al no descomponerse.
Un problema creciente que nace en cada persona y empresa por el uso y consumo innecesario de muchos productos y la forma incorrecta de cerrar el ciclo.