Medellín

¿Qué méritos hizo Medellín para aspirar a un premio internacional por su gestión ambiental?

Con grandes problemáticas climáticas y ambientales incrementadas por la falta de gestión en los últimos años, la postulación de la ciudad por parte de la WWF generó críticas. Alcaldía Gutiérrez dice que se tuvieron en cuenta los avances a largo plazo.

Soy periodista porque es la forma que encontré para enseñarle a mi hija que todos los días hay historias que valen la pena escuchar y contar.

18 de octubre de 2024

Es usual que las administraciones inauguren obras o reciban alguna distinción por gestiones y proyectos que adelantaron sus antecesores. No solo es usual sino que es lo que corresponde porque en últimas el beneficio es para la ciudadanía. Lo que no es normal es que los reconocimientos, en este caso internacionales, premien lo que precisamente la ciudadanía y el territorio vienen padeciendo en los últimos años.

Por eso fue llamativo el anuncio hace unos días por parte de la alcaldía de Federico Gutiérrez de que Medellín es finalista del Desafío de Ciudades de WWF. Según afirmó la administración a través de un comunicado, el reconocimiento entre más de 1.000 ciudades de esta especie de competencia que organiza el Fondo Mundial para la Naturaleza se debió “a sus acciones para reducir las emisiones de carbono y mitigar los riesgos climáticos”. La publicación afirma que Medellín obtuvo una calificación A en 2023 en la plataforma CDP ICLEI Track, destacándose entre más de 1.000 ciudades por su participación en iniciativas internacionales como C40 y el Pacto Global de Alcaldes por el Clima y la Energía. Y concluye que esto es el resultado de “los esfuerzos institucionales en la gestión del cambio climático, movilidad sostenible, espacio público, calidad del aire y seguridad alimentaria, entre otros temas”.

En este punto es normal la reacción de desconcierto del lector que habita en Medellín. Los hechos y las cifras respaldan esa confusión. En los últimos cuatro años medios de comunicación, organizaciones sociales y ambientales, veedurías y hasta desde la propia orilla política que hoy gobierna alertaron y denunciaron la inacción climática y la deficiente gestión ambiental que dejaron varios indicadores en rojo con nulo avance en ejecución e inversiones en ceros.

Solo para ilustrar: el movimiento global Low Carbon City alertó que de 65 buses eléctricos prometidos por la administración pasada para “transformar” el transporte público tradicional hacia energías limpias, solo se terminaron habilitando cuatro. Quedaron en veremos 29 kilómetros de ciclorrutas contemplados en el plan de desarrollo (se construyeron 10). Y qué decir de la lucha contra la crisis climática. En 2020 se aprobó el Plan de Acción Climática, un documento ejemplar en el país que cuatro años después, a grandes rasgos, sigue siendo eso: un documento.

A pesar de que 100% de la red hidrográfica de Medellín (más de 4.000 quebradas y el río Medellín-Aburrá) carga con algún grado de riesgo, la ciudad lleva al menos dos décadas sin actualizar de fondo sus estudios hidrográficos. La administración pasada se especializó en lanzar ‘globos ambientales’: declaró a regañadientes la emergencia climática en noviembre de 2022 para acelerar la ejecución de acciones que nunca llegaron y se dedicó a soltar promesas en esos mismos eventos internacionales que, supuestamente, sumaron méritos para que Medellín fuera finalista de la competencia.

En su participación en la Red Global de Alcaldes en 2022, organizada en Buenos Aires, Daniel Quintero lanzó el recordado anuncio de prohibir en Medellín la circulación de nuevos autos y motos a diésel o gasolina a partir del año 2035, un decreto que luego firmó sin ningún rigor ni viabilidad, provocando el rechazo del sector empresarial y de varias organizaciones ambientales que lo consideraron como un ruido que nada aportaba a los debates de fondo sobre calidad de aire y reducción de emisiones.

Pero hay más: para mediados de 2022 la ciudad tenía 42.000 viviendas en grave riesgo de colapso por emergencias y deterioro del territorio por la escasa ejecución de obras para mitigación y adaptación al cambio climático. Es poco probable que esa cifra haya disminuido porque en los últimos cinco años Medellín superó, periodo tras periodo, los récord en cifras de emergencias y afectaciones derivadas de eventos climáticos, cada vez más extremos como lo fue el reciente Fenómeno de la Niña. Los grandes proyectos de Planeación y Gestión Territorial en las zonas más vulnerables: los corregimientos y las comunas 1, 3 y 8, están quietos desde hace nueve años (dos administraciones y la actual en marcha), y este escenario solo puede empeorar a pasos agigantados, según han denunciado organizaciones como el Movimiento de Laderas, Tejearaña y la Mesa de Vivienda de la 8.

Capítulo aparte merece el tema del espacio público en Medellín, que según un estudio adelantado por el Instituto Humboldt en convenio con el Área Metropolitana, pasó de tener en 2006 6,17 m² de espacio público verde por habitante a tener solo 4,79 m², alejándose de la meta de la OMS de tener entre 10 y 15 metros cuadrados de espacio público efectivo, es decir, zonas caminables, arborizadas, lugares abiertos donde puedan realizar actividades de ocio, recreación y cultura. Uno de los indicadores inobjetables a la hora de determinar qué tan buena o deteriorada es la calidad de vida de los ciudadanos.

Y tampoco están claros los supuestos logros en calidad del aire, pues los estudios de la Universidad CES arrojan desde hace casi dos décadas que las emisiones de material particulado por parte del parque automotor tienen directa incidencia en el aumento de enfermedades crónicas entre la población de la capital antioqueña. Justamente este mes de octubre se cumplen tres años desde que la OMS actualizó sus indicadores para medir la calidad del aire, ajustándose a la nueva evidencia sobre los impactos de las emisiones contaminantes en la salud. Sin embargo, el Área Metropolitana sigue con los mismos indicadores que a la luz de la evidencia científica se consideran ampliamente laxos con las fuentes contaminantes (parque automor, en este caso particular).

Sobre el tema, el experto en movilidad sostenible y energías limpias, Santiago Ortega, llamó la atención de que, precisamente, para la próxima semana se espera –según el propio calendario del Amva– la segunda temporada de contingencia ambiental, sin que la entidad comunique efectiva y oportunamente a la ciudadanía.

“Es por los logros a largo plazo”

La secretaria de Medio Ambiente, Ana Ligia Mora, reconoce que le planteó la misma pregunta a los directivos de WWF. “¿Qué fue lo que tuvieron en cuenta para incluir a Medellín como finalista?”.

Según expone, la respuesta que recibió es que lo que evaluó esta organización fue el acumulado de la gestión a través de varios años frente a la acción climática, y que los indicadores con los que evalúan a las ciudades valoraron en Medellín “su política de biodiversidad, que tiene un plan claro frente a la movilidad sostenible, su exitosa gestión en monitoreo gracias al Siata, los resultados en seguridad alimentaria y la eficiencia de los servicios públicos. Esto genera un compilado de avances en el tiempo y por eso es importante dejar claro que el mérito para ganar ese desafío de ciudades no es de un año específico, ni dos ni cuatro sino el acumulado”, señala la secretaria Mora.

La funcionaria apunta que aunque es cierto que la ciudad sufrió un revés en cuanto a gestión climática y ambiental en los últimos años, es necesario resaltar los avances sostenidos que, según manifiesta, son reconocidos a nivel internacional, como los corredores verdes, por citar un ejemplo.

También resalta que la WWF dio un espaldarazo a la ruta ambiental de la ciudad en los próximos años, al decidir sumarse, por ejemplo, a la estrategia de Hambre Cero, que tiene un componente que repercute no solo en la seguridad alimentaria sino en la gestión climática y ambiental al reducir el porcentaje de alimentos que terminan en el relleno sanitario. El 40% de la comida en buen estado en la ciudad termina en el basurero, alimentos que no solo dejaron de llegar a la población que la necesita (cerca de 70.000 familias al día) sino que para ser producida dejó una huella de carbono importante, aclara Mora. Por lo cual insiste en que esos circuitos de aprovechamiento que lanzó la actual administración de la mano de actores privados es una línea concreta dirigida a cumplir con esa parte de ese Plan de Acción Climática, así como los programas que contempla el actual Plan de Desarrollo de renaturalización de corredores verdes, de custodia de quebradas, de recuperación de espacio público efectivo y de planes ambiciosos como los negocios verdes, siendo –sostiene Mora– una de las pocas ciudades principales en apostarle en gran a la bioeconomía.

El ganador del Desafío de Ciudades se conocerá el próximo 25 de octubre, en el marco de la COP-16. La secretaria apunta que por ser finalista Medellín tiene derecho a participar en otra votación de We Love Cities, una iniciativa de WWF en el que la ciudadanía puede apoyar a sus ciudades y también elevar sus comentarios sobre avances y deudas en gestión climática y ambiental a través del portal https://welovecities.org/. Medellín compite ahí con ciudades como Cali y Envigado. “La idea es que la ciudadanía reconozca a través de estos espacios los avances que va construyendo la ciudad hacia un modelo sostenible”, recalca.

Por otro lado, organizaciones, ciudadanía y expertos plantean qué tanto realmente sirven estos reconocimientos para apoyar a la ciudad en su lucha contra la crisis climática o para “maquillar” los enormes problemas que tiene la capital antioqueña entre manos en este aspecto.