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Dos tesas de la gastronomía estuvieron en Medellín

Periodista, Magíster en Estudios Literarios. Lector, caminante. Hincha del Deportes Quindío.

23 de abril de 2023

Basta un vistazo a los rostros —entre satisfechos y asombrados— de los comensales para calibrar el prestigio de las chefs que se afanan en la cocina de X.O.: Marsia Taha y Inés Páez Nin. Ambas son las estrellas de la actual gastronomía de sus países —Bolivia y República Dominicana, respectivamente— y referentes para el resto de América Latina. Cada una trajo la cultura e ingredientes propios de su geografía a este restaurante de El Poblado, en el que un grupo se apresta a un viaje de sabores y texturas que comienza con un cono de papa nativa, ostras y caviar de reserva y concluye con algas del Titicaca. Es decir, un recorrido de las playas del Caribe a las cumbres de los Andes.

En distintos momentos Marsia e Inés —prefiere que la llamen Tita— se acercan a la mesa y presentan los bocados a los feligreses del paladar. Viene una y luego la otra. Así Tita explica la mejor forma de comerse el dúo de yuca mocana —con un sorbito del coctel Embrujo del Sur— y Marsia habla de las galletas con pato, granada y maíz. Todo esto ocurre en un ambiente de luces de colores y risas de los asistentes. Incluso, entre los asistentes está la chef Leonor Espinosa, considerada por los expertos la mejor cocinera del planeta. De esa dimensión es este encuentro, organizado por X.O. y el grupo Carmen.

Una hora antes de la llegada del público, las chefs se reunieron unos minutos con el equipo de trabajo y dieron las indicaciones finales del show. Los aplausos y las sonrisas daban cuenta de un ambiente próximo al de un camerino, al de un grupo unido antes de una fiesta. Y es que la comida —como, por separado, le dijeron Marcia y Tita a EL COLOMBIANO— es un ritual que habla de la historia, la cultura y el arte de los pueblos. En los fogones y en los platos, las sociedades ofrecen una radiografía de sus sueños y metas, de sus adversidades y luchas. A fin de cuentas el viejo dicho tiene toda la razón: somos lo que comemos.

La chef Carmen Ángel –uno de los cerebros detrás de este evento– hizo hincapié en la consciencia social de la actual cocina latinoamericana. Habló de los trabajos con agricultores y pescadores tradicionales, que respetan las dinámicas de la naturaleza y mantienen vivas formas ancestrales de cultivar la tierra o de tratar los ríos y los mares. Ese es otro de los rasgos de las nuevas gastronomías: el respeto por los campesinos y las recetas de las abuelas.

Este despliegue de sabores se dio el sábado 22 de abril y tuvo de escenario uno de los restaurantes top del Valle del Aburrá.