Histórico

Regla bíblica

09 de julio de 2010

La primera referencia a una regla fiscal en la literatura aparece en la Biblia (Antiguo Testamento). Está en la historia de José, hijo menor de Jacob (el mismo que gracias a un plato de lentejas compró a su hermano Esaú y engañó a su padre Isaac).

Cuenta la historia que José fue vendido por sus hermanos a mercaderes egipcios, pues le tenían envidia. Engañaron a su padre Jacob (aquello del karma) diciéndole que José había muerto. Sin embargo, José terminaría siendo consejero del Faraón, gracias a su capacidad de leer sueños.

Cuando el Faraón preguntó a José por el significado de un sueño con siete vacas gordas y siete vacas flacas, éste pronosticó siete años de abundancia y siete de escasez. Pero José fue más allá y diseñó la primera regla fiscal. Le dijo al Faraón que debían ahorrar un porcentaje de las cosechas durante los años de abundancia para utilizar durante los años de escasez. Crearon en unas bodegas el primer fondo de estabilización. Y salvaron del hambre al pueblo egipcio.

He ahí la primera regla fiscal documentada en la literatura. Es lo que los economistas denominamos suavizar el consumo. Y, aunque existen modelos económicos y matemáticos para fundamentar este tipo de política, el concepto es de elemental sentido común y está plasmado en el arquetipo de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas. Arquetipo que simboliza el premio a ser austeros y no derrochar.

Bien hace el gobierno proponiendo un proyecto de regla fiscal. Proyecto que busca pagar la deuda pública y eventualmente ahorrar. Ahorros para utilizar en épocas de vacas flacas. Es el derecho a tener estabilidad macroeconómica. Así como tenemos derecho a tener estabilidad en precios y una inflación baja.

La regla fiscal es muy importante por varias razones. Primero, porque sin regla habrá más déficits fiscales y esto significa más deuda, más carga y más impuestos para nuestros hijos. Y no es justo que los hijos paguen por la fiesta de los padres. Debería ser al revés.

Segundo, porque sin regla fiscal menor será el esfuerzo de los bancos para darle crédito al ciudadano o al pequeño y mediano empresario. En efecto, los bancos prefieren financiar el déficit de un gobierno como el colombiano, sin mayor riesgo, que irrigarle recursos al aparato productivo.

Tercero, porque la regla fiscal permitirá ahorrar buena parte de la bonanza minera que se avecina. Esto, a su vez, es muy sano por dos motivos: equidad inter-generacional y tasa de cambio. Es decir, se podrá ahorrar una parte de la bonanza en provecho de las generaciones futuras; eso es equitativo y justo con nuestros hijos. Pero, además, el gobierno podrá comprar dólares y llevarlos a un fondo de estabilización. Ello tonificará la demanda por dólares y atenuará las presiones revaluacionistas de la misma bonanza.

Cuarto, porque sin regla fiscal será imposible sostener una tasa de cambio competitiva. Con cada déficit fiscal aumenta la oferta de títulos (TES) que el gobierno debe emitir para financiar el faltante. Los bancos, por un lado, salen a vender moneda extranjera para absorber la mayor oferta de TES (a precios bajos y tasas altas). Por otro lado, las altas tasas atraen capitales especulativos del exterior. O, incluso, el gobierno sale directamente a buscar la financiación en los mercados externos. Todo ello aumenta la oferta de dólares en la economía y revalúa la moneda. Nada más perverso para el empleo de un país que una tasa de cambio sobre-revaluada por falta de disciplina fiscal.

Bien por la regla fiscal. Es lo justo y lo sano. Y lo dice la Biblia.