El Idea se quedó con mayoría de Pescadero- Ituango
En cuestión de 24 horas y con un presupuesto cercano a los 100 mil millones de pesos, el Instituto para el Desarrollo de Antioquia (Idea), tomó el control del proyecto Pescadero Ituango y relegó al segundo lugar a Empresas Públicas de Medellín (EPM).
El cerebro de la operación fue Álvaro Vásquez Osorio. Su olfato de empresario, madurado en Edinalco e Industrial Papelera, le indicaban que era imperdonable perderse este negocio. Máxime si se recuerda que hace tres años el Departamento de Antioquia pasó a ser un accionista minoritario, por no haber capitalizado 1.800 millones de pesos.
El ex secretario de Planeación y de Hacienda del Municipio de Medellín, y actual gerente General del Idea, hizo la toma en un abrir y cerrar de ojos, como suelen ser estos procesos hostiles.
Hasta el pasado martes, EPM y el Idea tenían la sartén por el mango en Pescadero, con una participación del orden del 46 por ciento, cada uno.
La primera jugada de Vásquez Osorio fue ir en busca del 0,81 por ciento de las acciones de Pescadero que estaban en poder de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB). Esta última las ofreció en una subasta a los actores públicos, como Minhacienda, el Departamento de Antioquia, EPM, la Chec y el Idea. La convocatoria se abrió el viernes, 11 de julio, y cerraba el lunes, 14 de julio, a las 2:00 pm.
El tiempo apremiaba. Vásquez Osorio le pidió a Corficolombiana que acelerara la valoración que estaba haciendo de Pescadero Ituango, y que le iban a entregar el lunes, a las 3:00 pm.
Dicho y hecho. A las 8:00 am recibió los datos y con esa base estructuró la oferta por el 0,81 por ciento de las acciones en poder de la EEB. El funcionario que llevaba la propuesta se encontró en el avión con el emisario de EPM, que también estaba interesada en este negocio.
El Idea depositó su sobre y esperó hasta las 5:30 pm del lunes el resultado de la subasta. Cuando Vásquez Osorio vio que no llegaba el nombre del ganador, pensó que la ocasión era propicia para jugar a dos bandas, negociando en simultánea con los pequeños accionistas privados de Pescadero.
A la 1:00 pm del lunes contactó al representante de estos propietarios, José Fernando Villegas Hortal, director Ejecutivo de la Cámara Colombiana de Infraestructura en Antioquia (CCI), quien actualmente preside la Junta de la sociedad promotora de la hidroeléctrica.
Sus cartas eran estas. Corficolombiana, firma acreditada en valoración de inversiones y controlada por los bancos de Bogotá y Occidente, tasó en 696 millones de dólares el valor actual de Pescadero Ituango.
En sus modelos consideró factores que van desde el tamaño de la central, lo competitivo de su precio a nivel mundial por megavatio instalado (1,6 millones de dólares) hasta los riesgos de construcción de una hidroeléctrica que debe comenzar a generar energía en el 2018.
Esos 696 millones de dólares significan que cada acción de Pescadero vale, según Corficolombiana, 30.712 pesos. A partir de allí, Vásquez y su equipo armaron esta propuesta: A la EEB le ofrecieron 33.000 pesos por acción y de esta manera se quedaron con el 0,81 por ciento que estaba en juego.
Al vocero de los minoritarios le ofrecieron en un primer intento 33.000 pesos, más un 10 por ciento como prima de control. A algunos se les abrió el apetito y pidieron 40 por ciento de prima. A las 7:30 pm de ese mismo lunes los pequeños nombraron como negociador a Sergio Restrepo Londoño, quien también representa los intereses de la multinacional minera Vale. Vásquez dijo que tendría prendido el celular las 24 horas y quedó a la espera de respuestas.
El martes, a las 6:30 am, su oficina era un hervidero de accionistas y abogados. En medio del tire y afloje Vásquez les dijo que lo máximo que les podía dar como prima de control era un 20 por ciento. Así, cuenta, se llegó al precio de 36.854 pesos, que fascinó a quienes, 11 años atrás, habían comprado acciones a 1.000 pesos.
Tan jugoso era el precio, que Luis Fernando Sierra, presidente de Integral, le preguntó a Vásquez si estaba seguro de lo que hacía y de la lluvia de críticas e investigaciones que le podrían caer de la Procuraduría, la Fiscalía y la Contraloría, entre otras. El gerente del Idea tomó el contrato en sus manos, firmó y se lo devolvió a Sierra, quien entonces hizo lo mismo. Eso fue vital. A las 11:15 de la mañana había firmado "el coloso de los pequeños", Integral, dueño del 2,40 de las acciones en juego.
Eso desencadenó otras firmas y a las 12:40 pm el Idea ya estaba en el trono de Pescadero: Se ganó la subasta de la EEB y con ello su participación en el proyecto subió al 50,254 por ciento.
En público, Vásquez confesó ayer que EPM intentó comprar acciones de los pequeños accionistas; ofreció pagar lo mismo que el Idea y hasta una suma adicional en caso de que hubiera penalización por faltar a la palabra empeñada, algo que fue constatado por este diario entre los vendedores. Sin embargo, fuentes de EPM reconocen que sí hubo llamadas, pero aseguran que no hablaron de cifras, ni de pagos adicionales, y que su interés era mantener en equilibrio la participación accionaria con el Departamento. Los minoritarios hicieron oídos sordos y cerraron el trato con el Idea.
Empresas Públicas y el Departamento se habían prometido ser socios por partes iguales en Pescadero.
Ninguno cumplió. A mediados de marzo EPM intentó, sin éxito, quedarse con las acciones que Epsa tenía en el proyecto. Esto causó un gran malestar y sirvió para que el Idea se empleara a fondo para comprarles a los pequeños accionistas privados el estratégico 6,12 por ciento.
El pacto de caballeros nunca se firmó. Tampoco operó. En tales condiciones, "negocios son negocios" y en este caso el Idea fue más atrevido al tomar el control.
Las críticas madrugaron. Que se pagó una suma exorbitante por las acciones, dicen unos. Que hay un presunto enriquecimiento de particulares, murmuran otros. Para unos más lo vital es: Y el control ¿para qué?