ÉTICA ES COMPORTAMIENTO
Jesús tenía un sentido común admirable. Veía las cosas como son, fruto de una mirada limpia que nada empañaba. "Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos". Y para no dejar dudas, añadía: "Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos" (Mt 7,17-18).
El árbol no es bueno por dar buenos frutos. Los frutos buenos manifiestan la bondad del árbol, que es la garantía de los buenos frutos. La bondad del árbol es su ser, y sus buenas obras son su hacer. Ser y hacer son distinguibles, no separables.
El hombre es lo que hace. La bondad de sus obras depende de la bondad de su ser, no a la inversa. Las buenas obras manifiestan la bondad del corazón.
La ética, que es el comportamiento, no hace bueno a nadie. S. Pablo bien lo afirma: "No hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero". Y S. Juan de la Cruz dice que "para el justo no hay ley, él para sí se es ley". Justo es el que cultiva su vocación mística, que es el amor a sí mismo, a los demás, al cosmos y a Dios.
El M. Eckhart dice en sus Instrucciones Espirituales que "Las gentes no deben pensar tanto en lo que hacen, deben pensar en lo que son". Y añade: "No pienses que la santidad se funda en los actos. La santidad debe fundarse en el ser porque no son las obras las que nos santifican, más bien nosotros santificamos las obras".
"La razón que hace que la naturaleza del hombre sea altamente buena y que vuelva buenas sus obras, es que el espíritu del hombre esté totalmente volcado hacia Dios" (Eckhart). En lo cual consiste la mística.
Ser y hacer son las dos dimensiones esenciales del hombre, que es criatura de amor, que es vocación mística, de la cual nacen sus obras, que es la ética, pues la ética es el comportamiento. Mística y ética son distinguibles, no separables, pues el ser siempre está haciendo. El ser es la raíz del hacer. Hago lo que soy, soy lo que hago.
"El hombre no debe espantarse por nada mientras su voluntad sea amorosa" (Eckhart). Soy verdaderamente ético en la medida que cultivo mi relación de amor con Dios, relación que m e hace amoroso conmigo mismo, con los demás y con el cosmos. Mi comportamiento manifiesta lo que soy.