Histórico

EL NOMBRE NO ES LO DE MENOS

10 de agosto de 2013

Mientras ustedes leen esta columna en la comodidad de sus casas, muchos colombianos están bautizando a sus hijos con los nombres de algunos personajes famosos.

Es fácil pronosticar que hoy le aportaremos al mundo nuevos homónimos de gente archiconocida. En algunos casos se utilizará el apellido de la celebridad de turno como si fuera el segundo nombre. Así que tendremos como compatriotas a Brad Pitt González, a Janet Jackson Rodríguez y a Andrea Pirlo Cantillo.

La Registraduría Nacional del Estado Civil hizo recientemente un curioso censo de los nombres en Colombia. Lo primero que salta a la vista en sus páginas es esa costumbre de venerar a la gente que suena en los medios.

En primer lugar, los notables del fútbol. Ciento ochenta y cinco muchachos tienen como nombre el apellido del talentosísimo número diez del Boca Juniors: Riquelme. Y aún no hemos contado los que fueron bautizados con el mismo apellido, pero mal escrito: hay setenta y ocho Riquelmer y veintiséis Riquelmen.

Ciento ocho se llaman Messi –y ocho, Lionel, y dos, Messías, y dos, Messiel–. También tenemos once Palermo, seis Zanetti, cinco Tévez, cuatro Ronaldo y dos Batistuta.

Entre los personajes del poder, el preferido en estos tiempos es el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Aquí las combinaciones son más variadas: Barack Ovama, Barack Domico, Jeffrey Barack, Hamdy Barack, Obama Maikool.

Al leer el informe soltamos una carcajada porque nos parece chistoso, pero si miráramos con cuidado sentiríamos que algo nos duele mientras nos reímos: esos nombres revelan ignorancia, exclusión.

En Colombia solo hay que pedirle el registro civil al prójimo para saber si es de los que nacieron con estrella o de los que nacieron estrellados.

Es cierto que aquí cualquiera puede ser Cárdenas. Lo que pasa es que si te llamas Mauricio Cárdenas estarás predestinado a ser ministro por los siglos de los siglos, amén, sin importar quién gane la Presidencia, mientras que si te llamas Movistar Cárdenas seguramente serás un vendedor de chucherías en los semáforos.

En Colombia, no nos engañemos, el nombre jamás es lo de menos.

Si naces en una familia de abolengo eres bautizado con un nombre castizo como Juan Manuel, y luego ya puedes ser presidente como Thomas Jefferson. Al que carece de linaje le toca llamarse Jefferson Duque, y luego jugar fútbol como los dioses para que lo tengan en cuenta.

Aquí si no eres Lleras, lloras. Si te apellidas De Brigard, del cielo te caerá una costosa bicicleta estática para que hagas gimnasia.

Si te apellidas Wilches, o si te llamas Nairo, tus padres te regalarán una bicicleta panadera para que hagas mandados. Te quedará, eso sí, la opción de volverte un ciclista campeón para disfrutar de tu efímero cuarto de hora.

Y por eso los excluidos ponen nombres como John Fitzgerald Pataquiva. Ellos saben que sus hijos no van a mandar ni en Somondoco, pero en nuestro país injusto la única opción que les queda para parecer notables es la pila bautismal.