Moda sin género, ¿es tan nueva como parece?
Ante un fenómeno que no es nuevo, la industria hoy apuesta con más opciones. Se abre el espectro.
Periodista. Hago preguntas para entender la realidad. Curioso, muy curioso. Creo en el poder de las historias para intentar comprender la vida.
En el clóset de Violeta Gómez hay prendas básicas que puede usar un hombre o una mujer. Hay un par de jeans, chaquetas anchas, overoles y sacos. A un lado se ven faldas, sudaderas y kimonos. Abajo hay zapatos con plataformas, tacones y tenis deportivos. Es el clóset de una mujer trans no binaria y abrirlo es descubrir una parte de su mundo.
Esta escritora bogotana, de 28 años, define su estilo de vestir como particular, alternativo e irreverente. Aunque su color favorito es el negro, le da oportunidad a prendas coloridas y con siluetas atrevidas, porque así es ella.
“La decisión sobre lo que me quiero poner tiene que ver mucho con la relación propia con el cuerpo y la percepción, hay días que me siento más cómoda mostrándome mucho más femenina y otros en los que me quiero mostrar más andrógina”, dice.
Precisamente, cuando va a un lugar a comprar ropa busca comodidad sin importar en qué sección de la tienda está colgada esa prenda que la cautivó. Violeta ve la moda como algo que fluye a través de la historia y permite “expresarnos de una manera diferente”.
Punto de partida
William Cruz Bermeo, docente de la UPB, aclara que lo que se conoce como “moda sin género” es una preocupación de la industria y un sector de la población que desde hace varias décadas viene buscando una manera menos rígida de encontrar ropa para ponerse, que no esté dividida por géneros y parta más bien de los gustos personales.
Explica que los primeros acercamientos se dieron en los años 70 cuando se le llamó unisex: era un tipo de ropa que la podían compartir tanto hombres como mujeres independiente de su sexualidad. “No estaba atravesado por los discursos actuales, es decir, lo no binario, el no identificarse con lo masculino ni lo femenino, se asumía una posición neutral”.
Agrega que durante el auge de los movimientos feministas de la época, las mujeres fueron las primeras en dar ese paso hacia una ropa con un género indeterminado, un fenómeno que finalmente interpreta Yves Saint Laurent, el diseñador francés que logró llevar al guardarropa femenino la comodidad en el vestir de lo masculino: los pantalones, las camisas, los trajes, la sastrería en general.
En los 90 ocurre otro periodo clave en la transformación del vestuario. “Se actualizan los discursos de la identidad que buscan que las personas se sientan cómodas con lo que eligen para ponerse”. Se comienza a hablar de androginia, un término utilizado para referirse a que la ropa puede ser concebida sin pensar necesariamente en masculino o femenino.
Entonces aparecen Vivienne Westwood, quien hizo colecciones en las que incluyó hombres con faldas, Jean Paul Gaultier que fue esencial desde el punto de vista de la alta costura y lo conceptual, y la marca Calvin Klein que le apostó a lo comercial desde la moda americana.
“Todo esto permitió descubrir prendas mucho más holgadas o menos entalladas que de alguna manera correspondían a esa filosofía de lo andrógino. De hecho muchas campañas que se hicieron en ese entonces mostraban modelos que no se sabía quién era hombre y quién mujer”, señala el docente.
“Lo que vimos fue una declaración muy sintonizada con las libertades que tanto se trabajan hoy en día, ese representarse y mostrarse como realmente se quiere, tratando de mover un poco los códigos”.
Pensar en lo neutro
El diseñador vallecaucano Guio Di Colombia explica que para hacer una colección Genderless (en español significa sin género) piensa precisamente en eso: que no vaya dirigida a un género, le apuesta a que sea “muy democrática”, es decir, que la use cualquier persona y la luzca “sin ningún problema por temas de talla, color, tela o textura”.
Dice que atrás quedó esa idea de utilizar una paleta de colores exclusiva para las mujeres y otra para los caballeros, “le apuntamos a que sea una prenda con libertad”.
Además, señala que en el proceso creativo tiene en cuenta otros elementos como “la comodidad de los consumidores más allá del género”. Un ejemplo de esto son las camisas oversize (grandes) masculinas que pueden lucir las mujeres, adaptándolas a su estilo.
“Los diseñadores hemos hecho la tarea y las celebridades que se han atrevido nos han ayudado a darle un impulso para que la gente entienda que la moda no tiene género y es más democrática, sin embargo, como sociedad todavía nos falta comprender más este fenómeno”.
Moda como discurso
Por su parte, el diseñador Camilo Álvarez señala que lo que está sucediendo es algo más allá de la ropa: “Muchos se levantaron y dijeron que no asumieran más por ellos cosas como si tuvieran que cumplirlas”. Es decir, no asumir que los identifiquen con lo masculino o femenino.
“En este momento el discurso está en que la persona es la que se define así misma y no por los parámetros de otros, la gente que se pone mi ropa, por ejemplo, es muy sensible y creativa, y las prendas que hago se prestan para que estas personas las interpreten, se vuelven como una hoja en blanco para que se apropien de ellas, por eso trabajo poco la estampación o los textos”.
Álvarez considera que la moda sin género plantea una posibilidad para que cada cual tome su camino, “ya la tarea de uno como diseñador es ser creativo y que las personas decidan si se sienten identificadas o no, la gente se está descubriendo en el presente y no tanto esperando que viene en el futuro”.
Según el diseñador, lo que está planteando este fenómeno se verá reflejado a largo plazo en el sistema de producción de las prendas en general y se modificará de acuerdo a esa necesidad individual de identificación y representación. En otras palabras, las tiendas podrían programar más cantidades de ciertas tallas, por ejemplo, porque “se mueven más” y de esta manera se minimizaría los inventarios menos consumidos.
Es un hecho que en el momento histórico que estamos viviendo han salido a la luz varios discursos, incluido el tema del género y cómo la gente se identifica. En este punto la moda ha ganado terreno como medio expresión, las prendas se convirtieron en una especie de abecedario que le permiten a cada persona manifestar sus ideas y su mirada del mundo.