El día cuando todo volvió a latir
La primera página del periódico El Colombiano del 2 de diciembre de 1985, a tres columnas en la parte superior izquierda, anunciaba el logro científico: Primer trasplante de corazón en Colombia.
El titular era así, sencillo y directo, pero tenía todo lo necesario para que quedara claro que lo hecho por el equipo médico de la Clínica Cardio VID era histórico.
Esos primeros párrafos hablaban de ocho horas de cirugía, de meses de preparación para ese procedimiento, pero años de estudio para poder hacerlo.
La noticia fue un bálsamo para un país que todavía tenía fijas en la retina las imágenes de la toma y retoma del Palacio de Justicia y del desastre de Armero. Leer, ver, oír sobre aquel logro científico fue una mezcla de emoción y orgullo.
“No fue una cosa improvisada. Se preparó durante dos años el programa. Todas las semanas había reuniones con la gente de la Clínica para informarles en qué iba el asunto”, cuenta hoy el director emérito de Cardio VID y cirujano miembro de aquel equipo médico que realizó ese primer trasplante de corazón, Mario Montoya Toro.
Un equipo en el que participaron cirujanos, enfermeras, auxiliares, intensivistas, cardiólogos, anestesiólogos, fisioterapeutas, entre otros.
“Todo el mundo estaba comprometido”, cuenta Montoya Toro. “Ese día alguien preguntó que por qué había tanta prensa y tanta gente en la Clínica, y recuerdo que una de las niñas del aseo respondió: ‘Porque ya hicimos el trasplante’”.
El paciente
Antonio Yepes se llamaba. Fue el primer trasplantado de corazón en Colombia y el tercero de Latinoamérica. Tenía 36 años. Era obrero y tenía una afección cardiaca de muy mal pronóstico.
“Casi que él mismo se seleccionó como el paciente ideal. Era de una familia con un largo historial de enfermedad cardiovascular”, recuerda el doctor Montoya Toro.
“Fue algo muy bonito cuando la familia del donante dijo sí”, agrega.
Y fue entonces cuando se puso en marcha todo lo que se había preparado: la recuperación del corazón se hizo en los quirófanos de la Policlínica del Hospital Universitario San Vicente de Paúl.
La extracción del corazón del donante finalizó a las 8:23 de la mañana de ese domingo 1 de diciembre. A la par, se iniciaba la cirugía en la Cardio VID, según consta en los archivos médicos y en el libro La palpitante historia de un trasplante.
A las 9:00 de la mañana empezó el procedimiento quirúrgico de cambiar el corazón de Antonio Yepes y a las 11:45 de la mañana ya el nuevo músculo bombeaba sangre desde el pecho del paciente.
“Comenzó a latir de manera espontánea, sin necesidad de estímulos eléctricos”, cuenta quien fuera el líder de ese logro médico, el doctor Alberto Villegas, en La palpitante historia de un trasplante.
Antonio dejó la clínica poco después de empezar el año 1986. Volvió al trabajo, disfrutó la vida. Sobrevivió 22 meses.
468 trasplantes después
Un trasplante es un procedimiento laborioso, que dura entre 18 y 20 horas desde el momento en que se avisa de un posible donante hasta que el paciente llega a la unidad de cuidados intensivos.
Es, también, una milimétrica y coordinada operación en la que participan alrededor de dos decenas de especialistas, responsables de cuidar tanto la estabilidad de los órganos del donante como de la salud del trasplantado antes, durante y después de la intervención.
Desde ese primero de diciembre hasta el día de hoy, se han hecho en la Cardio VID 468 trasplantes de corazón. Actualmente, se realizan allí entre 30 y 35 al año.
Este volumen de intervenciones ubica a esta clínica en un nivel medio alto comparado con los demás centros de trasplante de corazón que hay en el mundo.
“Sigue siendo una cirugía muy bonita”, afirma el cirujano cardiovascular Juan Santiago Jaramillo.
¿Qué ha cambiado desde entonces? El procedimiento, la técnica quirúrgica sigue siendo similar, sin embargo el cuidado posoperatorio, los tratamientos de inmunosupresión (que evitan el rechazo del órgano) y las asistencias ventriculares han permitido mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Un trasplante de corazón, explican los especialistas, se hace cuando este órgano deja de suplir las demandas que el organismo exige.
“Nosotros trasplantamos a personas que están en una clase funcional muy deteriorada”, cuenta el cardiólogo Álvaro Mauricio Quintero.
La probabilidad de estar vivos para estas personas es del 10 por ciento al año si no se hace el trasplante, señalan los especialistas, y con una calidad de vida muy precaria.
Con el trasplante se modifican los números y se le brinda a la persona una posibilidad de 90 por ciento de estar vivo al año con una vida normal, porque finalmente esa es la idea: devolver a los pacientes la funcionalidad e independencia que habían perdido.
“Nuestras estadísticas de supervivencia son iguales a las tasas mundiales en trasplante de corazón: a 30 días es del 90 por ciento; al año, del 85 por ciento; a cinco años, del 75 por ciento; y la mediana de supervivencia señala que el 50 por ciento de los pacientes están vivos tras 12 años de haber sido trasplantados”, afirma Quintero.
Cifras que, sin embargo, representan algo más: avances científicos, excelencia médica, pero sobre todo vida y felicidad.