Antioquia en el 2030 en sostenibilidad
Este artículo se publicó en el aniversario 105 de EL COLOMBIANO, con Carlos Enrique Moreno como director invitado.
El siguiente artículo es una descripción vivencial, es decir, una narración donde el autor se sitúa imaginariamente en el 2030, narrando los cambios que vivió Antioquia en protección del medio ambiente y desarrollo sostenible, y explica los avances y las medidas que se tomaron para llegar allí.
En Antioquia el desarrollo va de la mano de la sostenibilidad ambiental
En 2017 parecía un sueño inalcanzable, pero ahora en el 2030 podemos ver que se ha logrado acabar con el falso paradigma de que el desarrollo económico e industrial son enemigos de la protección del medio ambiente. El trabajo conjunto y sistemático del sector público y el sector privado lo han hecho posible y Antioquia es la región líder en el país de este nuevo modelo de desarrollo.
Hace quince años el mundo se encontraba convulsionado por las decisiones políticas, el cambio climático y la radicalización de discursos. Colombia no era la excepción pues se acaba de firmar el acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc y toda la población estaba a la expectativa de lo que iba a pasar, ¿se iban a cumplir todas las promesas?, ¿podríamos empezar a enfocarnos en otros problemas como la corrupción o la minería ilegal?, ¿los distintos sectores iban a seguir sufriendo los drásticos cambios climáticos sin que en el país se hiciera nada?
Las cifras de Colombia no ayudaban a responder esas preguntas de manera positiva, pues en el 2015 el 27.8% de la población estaba por debajo de la línea de pobreza, el coeficiente Gini era de 0.52 lo que implicaba estar a medio camino en el logro de la igualdad, se emitían más de 1.9 toneladas métricas de CO2 per cápita al año y se estaban afectando más de 95.000 hectáreas con la explotación ilegal de oro.
Sin embargo, gracias al decido esfuerzo de muchos hoy podemos decir que el escenario se ha transformado, impidiendo la materialización de los temores.
En el 2018 la presión social obligó al Gobierno recién elegido a comprender que estábamos en un punto de quiebre ambiental y social y que las acciones no podían hacerse esperar. Así, se logró una verdadera unidad nacional basada en el concepto de que la diferencia enriquece y todo es posible si partimos del respeto y la tolerancia. Este entendimiento se llevó más allá de un simple pacto, pues se convirtió en la línea base de las políticas públicas educativas, ambientales y de desarrollo económico y social.
En el 2020 las industrias paisas se convirtieron una vez más en un referente mundial cuando innovaron en la forma de proteger el medio ambiente. Las empresas del Valle de Aburrá, conscientes que debían reducir su huella ecológica, que en ese entonces era de más de 55.000km2, 50 veces más que el área del área metropolitana, decidieron transformar sus políticas de mitigación en políticas de prevención y adaptación al cambio climático. Esto las llevó, de la mano de las corporaciones autónomas regionales y con respaldo de las demás entidades estatales, a construir un plan de apadrinamiento de las 14 cuencas hídricas del departamento de Antioquia.
Gracias a este programa todos los nacederos y las rondas de los ríos fueron reforestados y se convirtieron en santuarios de protección de especies como la guagua o el pájaro conocido como cacique candela, antes amenazadas por la urbanización y la deforestación incontroladas.
Este proyecto además consideró a la población campesina como eje central, por lo que se incluyeron dentro de la cadena productiva de diferentes maneras. Algunos se capacitaron para la conservación de la biodiversidad, otros para guiar a los turistas que llegan a las zonas de avistamiento de aves o para degustar las famosas recetas de cocina de autor y otros para cultivar los productos orgánicos que suplen la exitosa industria restaurantera.
Así, lugares inaccesibles como el Nudo del Paramillo o la selva entre Antioquia y Choco, se convirtieron en referentes nacionales de ecoturismo y sostenibilidad; las tierras fértiles otrora explotadas para actividades ilegales ahora producen cacao, café y maderas finas cuyos precios en los mercados internacionales reconocen su excelente calidad.
Estas zonas y otras en el Bajo Cauca, junto con áreas claves del Chocó, Guainía y Putumayo, se convirtieron finalmente en focos principales de inversión por parte del Estado, que decidió combatir la minería ilegal de manera contundente y desde una aproximación novedosa, con proyectos sociales y conectividad vial.
El Gobierno solicitó el apoyo de la industria para, tras un gran plan de descontaminación de las hectáreas afectadas por el mercurio y el cianuro, desarrollar proyectos productivos sostenibles. El progreso económico trajo trabajo para las familias de estas zonas, lo cual fue determinante para erradicar la extracción ilegal de oro y la pobreza de estas regiones.
Entre las experiencias exitosas se destaca y la industria cosmética que ha aprovechado la biodiversidad de los bosques tropicales de noroeste antioqueño para desarrollar nuevos productos que hoy compiten en muchos mercados con los de las divisiones de lujo de empresas reconocidas internacionalmente, así como la acuicultura que ha tenido un positivo impacto en la región.
Los empresarios jugaron en estos años un papel fundamental para que se diera el cambio sistémico necesario para dejar de apostarle al consumo masivo y comprometerse con el consumo responsable. Se lanzaron a creer que el futuro dependía de adoptar modelos de negocios circulares, lo que implicó grandes inversiones en capacitación y financiamiento de proveedores, reducción de emisiones, proyectos de reciclaje y reúso de residuos, desincentivos del transporte a larga distancia y uso de medios alternativos como el tren.
Empresas líderes de la región han remplazado sus empaques tradicionales por nuevos hechos con materiales biodegradables y por familias de la región ubicadas en áreas cercanas a los centros de producción. Este es tan solo un ejemplo de cómo la industria comprendió que la manufactura y el apoyo local debían empezar a hacer parte de su cadena productiva.
Lo anterior se complementó además con estrategias gubernamentales, como los paquetes de apoyo técnico y económico para que las Mi Pymes tuvieran la capacidad de comprometerse con el ambiente de la misma manera en que las grandes industrias ya lo venían haciendo.
Se implementaron modelos desarrollados por los estudiantes de la Universidad de Antioquia para implementar ciclos cerrados de agua evitando vertimientos de aguas industriales a los caudales naturales o los sistemas de acueducto y hacer tratamiento de aguas antes de su vertimiento a los cuerpos de agua, lo que se tradujo en que las ciudades recuperaran los ríos como arterías de vida.
Iniciativas como Ciudad del Río en Medellín se potencializaron y se volvieron la base de nuevas dinámicas ciudadanas. Hace quince años nadie hubiera soñado con poder dar un paseo en barco o asolearse a las orillas del Río Medellín.
Nosotros, que hacemos parte de esta generación que vivió el cambio de visión y aprendió a relacionarse con el entorno de otra manera, vemos la riqueza que esto nos ha traído. Pasamos de ser uno de los 15 países más vulnerables al cambio climático, amenazado por sequía e inundaciones, a ser uno de los de mayores ingresos recibidos por el turismo ecológico.
Cientos de familias pudieron salir de la pobreza porque nos volcamos de nuevo al campo, no sólo con proyectos ecoturísticos, sino también con proyectos agrícolas sostenibles y de alto valor agregado como lo es el cultivo de babilla para la exportación de su piel y carne.
Las dantas, los osos de anteojos y los jaguares que estuvieron a punto de extinción por la caza indiscriminada y la fragmentación de su territorio, gracias a los santuarios y corredores verdes, creados por la sociedad civil, han empezado a reconectarse y por primera vez en décadas su población ha empezado a crecer.
Las enfermedades respiratorias causadas por la contaminación o los problemas renales originados en la contaminación de mercurio son historias del pasado y ahora esos recursos se utilizan para apoyar desarrollos tecnológicos que garanticen más y mejor salud para todos los colombianos.
Antioquia aprendió a pensar global y actuar local y eso sin duda está dando muchos frutos.
(Ana María Delgado González con colaboración de Adelaida Castaño Baena)
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