Director por un día

Antioquia en el 2030 en educación, según nuestros lectores

Este artículo se publicó en el aniversario 105 de EL COLOMBIANO, con Carlos Enrique Moreno como director invitado.

06 de febrero de 2017

Los siguientes artículos son descripciones vivenciales de nuestros lectores, es decir, narraciones donde ellos se sueñan una Antioquia en el 2030, narrando los cambios que se vivieron en la educación, y los avances y medidas que se tomaron para llegar allí.

Sueños posibles

Por Sandra E. Arango Maya

De sueños. Así se visten nuestras montañas cuando un niño sonríe, conquista una nueva meta, y la celebra rodeado de brazos cálidos que confían en él. Esperanza. Ese es el olor de nuestro viento cuando un pequeño se dibuja en su cuaderno siendo médico, bombero, policía o ingeniero, y así es como me imagino a Antioquia en el 2030: una tierra de sueños posibles.

Antioquia, ha aprendido de su historia y la ha transformado en la razón para luchar por los sueños, para creerle al cuento de que son nuestro niños el futuro y que es la educación, esa que se da en amor, con paciencia y que se cimienta en el respeto, la clave de nuevas oportunidades.

En mi día a día he tenido el grandioso privilegio de ver como las aulas de clase renuncian a la frialdad de sus paredes para convertirse en escenarios sanadores, donde las matemáticas son el adorno ideal para los anhelos de aquellos, nuestros jóvenes y niños que saben que con esfuerzo, perseverancia y amor, todo es posible.

Me imagino a Antioquia en el 2030 reverdecida de mujeres y hombres talentosos, comprometidos con sus familias. Me imagino a Antioquia con las escuelas ruidosas y coloridas por todos los niños, ninguno en la calle, todos en sus pupitres soñando en grande, acompañados por maestros apasionados por sus trabajos. Me imagino lanzando birretes y celebrando que todos nuestros jóvenes van a las universidades preocupados solamente por ser los mejores.

Como docente conozco la magia que descubre un pequeño al saber que él puede, que no está solo. He visto las lágrimas que dan los miedos y el consuelo de los abrazos que sostienen y devuelven la inocencia. He visto como la educación rescata vidas de las manos oscuras de la violencia y es por esto que creo que para el 2030, esto es posible.

Por Iván Moreno

Las mañanas de Medellín por los últimos días me hacen pensar cómo se ha forjado la ciudad en las generaciones pasadas, lo que ayer era un problema para la ciudad hoy es un privilegio pues era el comienzo de una transformación.

Vivo en una ciudad digital en una real experiencia utópica de cinturones verdes donde el río ya no es río, es un mar donde el puerto era lo que llamaban Parques del Río, por otro lado está el Metro pero este ha estado siempre con nosotros y a mediados del 2028 termina de estar con todo el país.

Voy camino al trabajo, van ser las 6:00 a.m. de momento no es que importe mucho llegar tarde. Es como jugar a un videojuego, empezando por algo que fue un problema mayor en el 2018. La puntualidad, puesto que el tráfico no existe, las vías son aéreas.

Los carros no usan gasolina porque el aire fue una mejor opción para la movilidad, la arborización arquitectónica nos da energía sostenible, dando vida a nuestros carros de manera que cuando llueve estos hacen que el cilindraje no emane carbono; por tal razón se ha alcanzado neutralizar la contaminación de la ciudad gracias al plan forestal.

La tasa de desempleo ha caído en picada. En este año 2030 se ha superado y hoy la industria agrícola se ha robotizado. Hoy son los robots arrieros que cuidan de nuestros bosques y áreas de cultivo por goteo.

Y la educación gracias a las TIC han hecho que la conectividad se haya vuelto un lenguaje humano, por medio de un circuito integrado de información el cual nos hace políglotas entre otras interfaces que internet nos permite enlazarnos y ser más conscientes de su uso, hoy los estudios universitarios se basan sobre la libertad, la educación y la cultura en todas las aéreas del conocimiento.

Estaciono el coche y suspiro. Mirando por el retrovisor frontal y reflexiono. Es un signo alentador que el sueño de un mañana mejor aún es posible, incluso en la cara del apocalipsis. Para construir un futuro mejor tenemos que imaginar por primera vez.

Por Anderson Cano

Me sueño una Antioquia sin corrupción y narcotráfico. Una Antioquia en la que mis hijos puedan salir sin preocupaciones a las calles, sin el temor de que alguien los esté esperando para secuestrarlos o intimidarlos. Mucho menos que los obligue a hacer cosas ilegales

Y es que la Antioquia que me sueño, tiene una universidad, su universidad, llamada Universidad de Antioquia. Ahora sin déficit económico, con muchachos “echados pa’ delante” que quieren estudiar para servirle al país, para hacer de Colombia una gran potencia.

En mi Antioquia soñada ya no hay muchachos en las calles viendo a quien le roban. Los jóvenes de esa época están en el colegio estudiando, en canchas jugando, en sinfónicas haciendo música. En fin, una Antioquia a la que no le quede grande el apodo “la más educada”.

En esa hermosa Antioquia pueden haber rolos, chocoanos, costeños, santandereanos, personas de todas partes del país, sin temor a que alguna persona regionalista los insulte.

Lograr esa Antioquia no es un trabajo fácil, en los últimos 13 años se tuvo que mejorar la educación primaria y secundaria, hacerles llegar a los niños la educación para que la sientan como un regalo, como diversión.

Enseñarles que tocar un instrumento o jugar un deporte es una alternativa sana, fomentar el buen voto a conciencia para no volver a elegir gobernantes corruptos que empobrecen el pueblo y practicar el respeto en el día a día.

Con el tiempo la gente se fue acostumbrando y ya estudiar no es un martirio, recoger los desechos de perro es lo común. Los niños ya no se meten en bandas raras que los llevan al camino del crimen. Así es, con el tiempo, esa Antioquia que fue posible.

Por Maikol Rojas

Yo me imagino a Medellín como una ciudad que se enfoca en 4 aspectos muy importantes:

Educación. Con universidades e instituciones que se preocupan por la investigación, la innovación y el desarrollo de patentes (compitiendo a nivel mundial con buenas universidades).

Además, de preocuparse por la calidad educativa y egresar a jóvenes competentes y manejando una segunda lengua.

Incentivando a los estudiantes a ser innovadores y crear tecnología que solucione problemas locales, nacionales e internacionales.

Movilidad. Me imagino a Medellín invirtiendo la pirámide, más personas caminando y montando bicicleta, con incentivos económicos para las personas que usan bicicletas eléctricas, y con impuestos altos para los que usan el carro particular. Importando o creando medios de transporte amigables con el medio ambiente.

Medio ambiente. Medellín estará a la vanguardia en temas ambientales, sancionando fuertemente a las familias y empresas que contaminen, copiando las mejores medidas ambientales del mundo.

Emprendimiento. Jóvenes y adultos se verán beneficiados por la creación de empresas, en su gran mayoría de servicios, muy fortalecido y potenciado por las universidades. Donde creen tecnologías e innovaciones importantes.