Antioquia en el 2030 en economía naranja
Este artículo se publicó en el aniversario 105 de EL COLOMBIANO, con Carlos Enrique Moreno como director invitado.
El siguiente artículo es una descripción vivencial, es decir, una narración donde el autor se sitúa imaginariamente en el 2030, narrando los cambios que vivió Antioquia en la economía naranja o creativa, y explica los avances y las medidas que se tomaron para llegar allí.
Inicia el año 2030 y la Economía Naranja está en el centro de la agenda económica nacional. El World Economic Forum, en Davos, Suiza, reconoció al país por duplicar el aporte de las industrias creativas al Producto Interno Bruto.
Según la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, esos sectores para Colombia representan, más o menos, el 7,6% del PIB, un aporte mayor que el de la agricultura, la minería y muy similar al de la construcción. Sin duda, una revolución.
La revolución inició en el año 2017 con la aprobación de la Ley Naranja, la primera gran ley de economía creativa en América Latina y el Caribe que reconoce el valor agregado que generan las industrias y empresas culturales en el país.
Gracias a esa ley, estos sectores lograron hacer importantes transformaciones a partir de la aplicación de las siete i: Información, Instituciones, Infraestructura, Industria, Integración, Inclusión e Inspiración.
Desde el año 2017 se cambió la cuenta satélite del Dane de Cultura, por la de Cultura y Economía Creativa, para tener mejor información y tomar decisiones de política pública.
Esa ley creó el Consejo Nacional de Economía Naranja, presidido por el Ministerio de Cultura y con participación de los ministerios de Educación, TIC, Comercio, Trabajo, Planeación y Hacienda, para disponer de una estrategia de largo plazo.
Findeter adquirió un mandato legal para financiar y brindar cooperación técnica en la construcción de infraestructura cultural para departamentos y municipios. Se construyeron 200 escenarios para la oferta de productos culturales, 100 ‘bibliotecas parque’, y se recuperaron cerca de 40 centros históricos que han detonado en un fuerte flujo de turismo.
En industria se pudo desarrollar una gran política de talento para identificar potencial de muchos jóvenes en colegios, y al mismo tiempo aumentaron las becas del Icetex para profesiones naranja. Así, en los últimos 14 años, Colombia logró 19 premios Grammy, un premio Óscar a mejor película extranjera y un premio Pritzker de arquitectura.
Se inauguró el primer Centro de Diseño e Impresión 3D de la región andina. Y los fondos Emprender e Impulsa financiaron 60 emprendimientos creativos que hoy hacen parte de las empresas más innovadoras del planeta, cuatro de ellas listadas en la bolsa de Nueva York.
En integración se pudieron abrir mercados de contenidos originales donde hoy los productos culturales del país son consumidos por toda América Latina y el Caribe.
En inclusión han proliferado la fundación de escuelas de gastronomía, danza, música y teatro. Y en materia de inspiración Colombia ha sido reconocida en el mundo como un epicentro de Economía Naranja. Un ejemplo de ello es que Medellín tiene la sede del primer Foro Económico Mundial dedicado exclusivamente a la Economía Naranja.
Todo eso comenzó en el año 2017 luego de la aprobación de una ley que le apostó al valor agregado, a la propiedad intelectual y al talento, para darle al país la posibilidad de diversificar su economía y las exportaciones y no depender tanto del petróleo y las materias primas.
Colombia le demostró al mundo en estos 14 años que la Economía Naranja integra el poder del talento del capital humano, con la dignidad laboral, la propiedad intelectual y la economía del conocimiento. Esa revolución naranja ha sido respaldada por varios gobiernos y por todos los partidos, demostrando que como nación podemos pensar en grande y lograr objetivos.
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