Juliana, la líbero que se agiganta en la cancha
La temporada 2018 ha sido de ensueño para esta paisa de 23 años. Campeona suramericana en Bolivia y medalla de plata en Panamericanos.
Comunicador social periodista de la U. de A. Sigo el fútbol profesional y aficionado, la gimnasia, el voleibol y las otras disciplinas del ciclo olímpico. Redactor de El Colombiano
El liderazgo, los ímpetus y los reflejos la hacen ver más grande de lo que realmente es físicamente.
En la cancha, Juliana Toro Villada se multiplica y se agiganta, tal como lo comprobaron los aficionados en los recientes Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla, en los que, por primera vez, Colombia llegó a la final del voleibol femenino.
Esta antioqueña de 23 años y 1.60 metros de estatura fue la líbero titular del seleccionado nacional que alcanzó la medalla de plata, al caer con República Dominicana que es potencia continental.
“Me siento feliz porque estoy viviendo la mejor época de este deporte”, relata emocionada la habitante del barrio Playas de María, cerca de la estación del metro de Sabaneta.
Con voz pausada y segura resalta los mensaje que aún recibe de todo el país por su desempeño y el de sus compañeras que, por el honor de representar al país, sacrifican el tiempo con sus familias y hasta los estudios, como es el caso de Juliana, aunque ella acaba de retomar su pregrado en el Politécnico Superior de Colombia, en el que se prepara para ser instructora en Entrenamiento Deportivo y Educación Física.
Pero en contraposición exploran y conocen otras culturas, pues en las cuentas de esta paisita ya van cerca de 18 países a los que ha ido con la Tricolor, entre los que destaca Corea del Sur, Kasajistán y Australia.
Su carrera, como su edad, son cortas, pero llenas de experiencias significativas. Cuando tenía ocho años su mamá (Mayerli) la llevó de la mano a los entrenamientos del semillero de Wilson Gil, a quien resalta y reconoce como su formador. En 2009 ya hacía parte de la Selección Antioquia y en 2013 dio el salto a la de Colombia: “Esos eran mis sueños y los estoy disfrutando y aprovechando al máximo”.
El momento personal más difícil, confiesa, lo vivió en 2015 cuando murió su abuela Olga y debió abandonar la concentración del conjunto patrio que estaba en un Suramericano en Perú. Y el más emocionante, en 2018, al conquistar el título en los Juegos Sudamericanos de Cochabamba, Bolivia, el único hasta ahora del país en la historia luego de vencer a Argentina: “Este el lugar más importante del podio y cantar el Himno nacional es algo extraordinario”.
Para la memoria
Juliana confiesa que de las situaciones que más la afecta es alejarse de la familia (tiene seis hermanos -tres hombres-), pero que la unión que hay en el actual seleccionado hace agradables los viajes y las concentraciones. Un logro que atribuye al buen manejo de grupo del entrenador brasileño Antonio Rizola, quien según ella, desterró el regionalismo que antes imperaba que hacía mucho daño, y les cambió el chip y la mentalidad a las voleibolistas colombianas desde que llegó, en 2017.
“Las niñas son lindas y buenas personas y receptivas. En mi caso, siempre trato de dejar una buena huella, estar a gusto, gozarme cada momento y hacer chanzas. Desde pequeña me gusta ser líder, organizar, y en esta labor ayuda mucho el alto nivel de las compañeras porque la mayoría tiene recorrido internacional, eso lo contagia a uno”.
Reconoce que por su posición de juego (atrás) tiene más visión de la cancha, lo que la convierte en muchos pasajes de los partidos en la guía.
Entre sus metas está, aparte de continuar sus estudios, incursionar en el profesionalismo, a pesar de que sabe del esfuerzo que esto implica, como se lo cuentan sus colegas. El primer paso sería en un país como Argentina, donde la liga es más corta, antes de dar el gran salto. “Quiero ir al exterior, ayudar a mi familia”.
En 2019 seguirá el ciclo olímpico en los Panamericanos de Perú, donde Juliana espera estar con Colombia luchando por otro sueño.