El cubo de colores que mostró Papá Giovanni
Nació y creció en Barrio Triste, fue mecánico, luego actor y ahora dirige su película Lola... Drones. La puede ver en salas.
Periodista. Estudiante de maestría en Estudios y Creación Audiovisual.
Hace 22 años se metió al cine a interpretarse a sí mismo como Papá Giovanni en La vendedora de rosas. Este clásico colombiano le abrió camino para otros proyectos: La virgen de los sicarios, Rosario tijeras, Sumas y restas. Ahora decidió dar el salto y dirigir una película sobre el lugar donde nació y creció, el barrio Sagrado Corazón de Jesús, también conocido como Barrio Triste.
La contó a partir de personajes de la vida real, algunas veces interpretando sus propios papeles, de cómo sobreviven, pierden y ganan, “ese olor a humano en la poesía del barrio”, dice Giovanni Patiño Tejada, verdadero nombre del director de Lola...Drones.
Un personaje, Lolita, es para él el retrato de esas niñas que viven en pensiones, o que son raptadas y manejadas por “viejos terrenales” desde la cárcel. Pero no es un solo personaje sino muchos que se sobreponen como un cubo de colores heterogéneo y con múltiples capas: “Quise escribir historias paralelas, como muchas otras, con la posibilidad que da el cine”.
El actor y cineasta dice que es “un cine a mochila”, de bajo presupuesto y muchos apoyos. La hizo enamorando a la gente y “lidiando con actores naturales”. Esto último una influencia directa del director antioqueño Víctor Gaviria, su maestro.
“La cinta tiene todo el aire, la atmósfera y los personajes que muestran una continuación del trabajo de Víctor, lo que no la demerita”, comenta el profesor Carlos Mario Pineda. Lola... Drones se encuentra ya en salas de cine del país.
¿Tardaron ocho años haciéndola?
“La parte económica fue muy difícil. El cine aquí no es industria y es muy berraco. Nosotros mismos empezamos a hacer nuestras estrategias, filmamos por bloques, en diferentes lugares y en el mes que podíamos”.
¿Qué lugares?
“Tuvimos que construir durante tres meses una cárcel en un hospital abandonado en Itagüí, quedó muy buena. También estuvimos en Santo Domingo, por El Pinar; en el Centro, en La Paz con Bolívar, en Blanquizal y en Barrio Triste, lugares muy vulnerables”.
Comunas que también son la ciudad...
“Quiero mostrar que Medellín es también los barrios codificados, donde el pan de cada día es una vacuna o la niña ‘escapera’ que roba diario para pagar una pensión en donde dormir. Son mundos ajenos a muchas personas, no porque no existan sino porque no queremos verlas”.
¿Cómo le salió la cinta?
“No me basé en ninguna noticia y ningún cuento. Creo que nos salió bien la historia, aunque da tristeza dejar todo ese material que no alcanzó a quedar en las dos horas finales. El detrás de cámaras creo que sería otra película”.
¿Valió la pena lanzarse?
“Es una forma de decirle a los jóvenes que vienen atrás que podemos contar nuestras historias y hacer denuncias con la posibilidad del cine” .