Literatura

X-504: el poeta de los veinte sentidos

10 de septiembre de 2021

Jaime Jaramillo Escobar escribía desnudo, algo que puede parecer una metáfora, pero no. Este poeta, nacido en 1932 y conocido por su alergia a la figuración, su timidez, su bigote, sus dientes grandes y los primeros números de su cédula (X-504), escribía sus poemas sin ropa. Una historia que circula y seguirá haciéndolo entre quienes leen o no poesía, sumada a muchas otras sobre su vida. Pero lo realmente importante, lo que hay que contar, es que era uno de los grandes poetas de la lengua española de la segunda mitad del siglo XX, así, sin más, una información a secas y desnuda, como se deben decir las verdades.

Jaramillo Escobar se murió ayer viernes en Medellín, la ciudad en la que vivía desde hace décadas y en la que impartía desde 1985 un taller que ya era un mito, como él mismo. Cada semana se reunía en la Biblioteca Pública Piloto con entusiastas de la poesía para hablar de un arte que manejó como pocas personas en un país que, ya sabemos, tiene muchos poetas por kilómetro cuadrado. Pero también sabemos que no es lo mismo escribir versos que hacer gran poesía, como la que él hacía. Solo hay que leerlo para enterarse de su grandeza: “El enamorado busca su amor aún allí en donde sabe que no está, /como el aventurero busca su tesoro aún allí en donde no se encuentra, / y así como el hombre busca a Dios en toda parte y lugar sin hallarlo nunca”.

“Poeta no es el que escribe, sino el que tiene la revelación”, escribió en su libro Método fácil y rápido para ser poeta, una especie de manual que también es un libro de poesía en el que dejó su arte poética en capítulos muy breves que hablan “De la vocación”, “Cuándo leer poesía” o “Formación del estilo”, entre muchos otros asuntos. En este libro se nota el oficio de publicista que ejerció durante su juventud, después de salir de Pueblorrico -el pueblo donde nació-, estudiar en Betulia, Andes, pasar por Bolombolo, Anzá, Cali, Barranquilla y terminar en Medellín. Como lo explicó en varias ocasiones, sabía muy bien que la publicidad era una especie de hermana de la poesía, por algo muy sencillo: siempre apela a las emociones de quienes la reciben.

En algunas de sus últimas entrevistas dijo que la poesía actual carecía de sentimiento, y sin este, no hay poesía. Quizá es una exageración, un efecto de publicidad a los que estaba acostumbrado y amaba, pero algo tiene de cierto. Una de las interpretaciones de estas palabras posiblemente tenga que ver con el tipo de poesía que él practicaba, en la que el poeta es la voz de una comunidad o un pueblo, una idea que se distancia de mucha poesía de hoy, más íntima y personal. En él era de la dinastía de Job, Whitman, Rimbaud, Christensen o Parra, poetas de la totalidad, que buscaron traducir el mundo cercano para hacerlo universal y permanente a través de una voz plural.

Su primer libro sorprendió en Colombia por esto, precisamente. Los poemas de la ofensa, publicado en 1968 bajo su emblemático seudónimo X-504, es una de las obras más significativas de la poesía en castellano de finales del siglo XX. Harold Alvarado Tenorio lo nota muy bien: cuando salió ese libro, “pocos espíritus atentos cayeron en cuenta de lo que había sucedido a la poesía llamada colombiana”. Como el título lo dice, fue un golpe, una ofensa, un huracán, un cambio de dirección frente a lo que se venía escribiendo y leyendo.

Por su cercanía con Gonzalo Arango, fundador del nadaísmo, Jaramillo Escobar y su primer libro quedaron vinculados a este movimiento. Pero es justo decir que el nadaísmo sería muy poco sin él, más bien un movimiento político y social con algunas obras, en materia de poesía, interesantes. Jaramillo Escobar fue superior al nadaísmo, como todo gran poeta es superior a su contexto y su tiempo. “Se dice que es el mejor poeta de nuestra generación nadaísta”, escribió Gonzalo Arango en una legendaria entrevista que le realizó a su amigo poeta en mayo de 1966, y el paso del tiempo lo comprueba.

Con Los poemas de la ofensa ganó la primera y única versión del premio Cassus Clay, nombre real de Muhammad Alí. A propósito de este premio, Jaramillo Escobar recordó, en una entrevista reciente para la serie Capítulo Aparte de Teleantioquia, esta frase: “El que más duro pega”. Definición perfecta de su obra y de un buen poema, ahora que, como él mismo lo precisó en varias ocasiones, es tan difícil saber qué es poesía y qué de todo lo que se hace pasar como tal es buena poesía.

El título de su tercer libro, Poemas de tierra caliente, es muy afortunado por autodefinitorio. En los poemas de Jaramillo Escobar siempre hace calor. Más allá del sentido y la música, sus poemas transmiten una temperatura. En esto son muy próximos a los de León De Greiff. Pero además de calor, en sus poemas, siempre, hay un baile de fondo. Un baile en el sentido más local del término: una fiesta o un carnaval de pueblo, con risas, coqueteos y música que celebra las pasiones comunes, por compartidas por todas y todos. “Para mí todos los sucesos, todos, son felices. Y son bellos. / Producen alegría, luego no son infelices”.

En las bibliografías más estrictas, su obra la integran cuatro libros de poemas más el Método fácil y rápido... En otras, se habla de cinco, sumando plaquettes y antologías, un libro de correspondencias con el poeta Geraldino Brasil y algunas selecciones de ensayo de otros. Es una obra corta pero inmensa, como corta puede parecer la distancia de una orilla a la otra del río Cauca, del que tanto habla en sus poemas, pero que tiene un recorrido, un futuro salvaje e infinito para llegar al mar. “Pasa el río, la carretera que va y viene, pasan los viejos recuerdos, pasan los años, los niños crecen y se van, pasa la vida, / y Juan y yo nos miramos y nada podemos hacer sino ver pasar el río desde la orilla, en esta tierra ardiente”.

Gonzalo Arango hizo la definición más bella y precisa de Jaramillo Escobar. No hay manera de competir con la introducción de su entrevista ya mencionada aquí y publicada por la revista Cromos, una pieza periodística imbatible: “Lo único que se parece a X-504 es un ombligo. Pues, ¿qué hay de más solitario en el mundo que un ombligo?” “Su soledad es natural como un terremoto, simple como el huracán y la guerra”. “Vive como si la eternidad tuviera tiempo de esperarlo mientras él se dedica a vivir”. “Su vida es, en todo, la de un anacoreta, salvo pequeñas aventurillas eróticas”.

O quizá sí existe otra gran definición, una que puede competir con la de Arango. Está en una carta que el mismo Jaime Jaramillo Escobar le escribió a Raúl Gómez Jattin cuando leyó por primera vez sus poemas, y que sirve como su propio retrato. “Tú eres el viento, eres un potrillo, eres el río que arrasa, no limitas con nada, no tienes cuñados en el cielo, no tienes participación en la bolsa de valores”. “Tú ya hiciste la revolución, pusiste el mundo patas arriba, aunque no se den cuenta los que viven boca abajo”. “Tú eres el único que queda libre. No te dejes coger. No te dejes cazar. Si te cogen mátalos. Mátalos”.

En esa misma carta, Jaramillo Escobar le dice a Gómez Jattin que es un “Dios en persona completamente loco deshojando los bosques”, como él también lo fue. Y como Dios, los buenos poetas tienen múltiples sentidos. En el capítulo “Educación de la sensibilidad” del Método fácil y rápido... lo dice: “Un poeta es mejor mientras más sentidos tenga”. Y a continuación menciona algunos, dieciocho en total, como la irrealidad, el absurdo, el sin sentido, los sueños o la velocidad. Además de estos, a Jaramillo Escobar hay que sumarle los sentidos del verso tórrido y del atraco limpio.

En los últimos días se ha hablado mucho de un joven colombiano que tiene como nombre el número 6. Los efectos de esto ya los mostró Jaramillo Escobar hace más de cincuenta años, al presentarse a los lectores con una x, de pregunta, y tres números. Un nombre mucho más real y poderoso que el verdadero. Esos tres números fueron uno de sus poemas más contundentes. Y también, no lo habíamos sospechado, eran su trampa guardada para la muerte, porque ¿qué va a hacer la muerte con un hombre que se llama número? ¿Qué hará con eso en este preciso momento?