Se estrena La piel en primavera, una película sobre el lado femenino de Medellín
Escrito y dirigido por Yennifer Uribe Alzate, el largometraje retrata la vida cotidiana de una madre cabeza de familia.
Periodista, Magíster en Estudios Literarios. Lector, caminante. Hincha del Deportes Quindío.
La película La piel en primavera comienza con un viaje en bus desde uno de los barrios de las laderas –puede ser Villa Hermosa o Aranjuez– hasta el centro de Medellín. Con los minutos el paisaje visto por las ventanillas se transforma: pasa de ser las casas de la gente que se alista para trabajar a las arterias que atraviesan la ciudad. Sin prisas, la cámara registra el paso de una geografía a otra a como lo hará con los cambios sutiles de Sandra, una madre cabeza de familia que trabaja de vigilante en un centro comercial.
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En un momento, Sandra le pide indicaciones al conductor para llegar a su lugar de labores y con eso el destino de ambos cambia, pero lo hace con la delicadeza de la vida diaria, la misma con la que nace un romance. “Una escena así la vi yo en un viaje en bus, en el centro. Esa anécdota fue el origen de la película”, dice la directora Yennifer Uribe Alzate, del momento epifánico de su primer largometraje, que llega este jueves a salas de cine de Medellín, Bogotá, Pereira y Manizales. En Medellín se verá en el Mamm y algunas salas de Procinal.
Según información de ProImagenes Colombia, Yennifer culmina sus estudios doctorales con la redacción de una tesis sobre los personajes femeninos en el cine latinoamericano rodado entre 2010 y 2022. Este dato explica la sensibilidad con la que La piel en primavera narra las formas en que las mujeres ajenas a los estereotipos masculinos habitan a Medellín. En cada escena del filme de 100 minutos de duración, la directora se tomó el tiempo necesario para que los personajes y los espacios se revelaran en plenitud o dejaran entrever sus capas de sentido. “Cuando Sandra y la amiga se sientan a comer salchipapas, la escena dura lo que se demora uno comiendo salchipapas”, dice Yennifer. Tal forma de narrar deja que el presente llene la pantalla sin los artificios del cine industrial. En lugar de entretener al espectador, esta película invita a la contemplación de la cotidianidad de una madre que redescubre el erotismo y el calor de las amistades femeninas. En este largo no hay cortes de planos cada pocos segundos ni actrices con bellezas de revista. Hay planos, secuencias y mujeres de carne y hueso.
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Tampoco hay estridencia ni heroísmo pop. Hay gente que se levanta temprano a trabajar, que celebra los cumpleaños de sus hijos con torta y gaseosa, que se ciñe fajas por sugerencia de las amigas y, a pesar de todo, cree en el amor. O, mejor, en el erotismo. O en ambas cosas. En un tono distinto al usual del cine antioqueño –de pillos, narcos y pistoleros–, esta película pone frente a la cámara a personajes similares a los que se sientan en las salas de cine o que comen pollo asado en los miradores de Medellín. En otras palabras, a la gente normal, de clase media trabajadora, esa que busca dotar de razón la vida y sus menesteres.
La piel en primavera sale al ruedo de las salas de cine. Llega a este punto tras ser exhibida en el Forum de la Berlinale y en la apertura del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. Tras diez años de trabajo de Yennifer en la escritura, la dirección y la producción de esta película, ahora la palabra la tiene la audiencia. “Espero que la película dure varias semanas en cartelera. Sé que es difícil, pero estaría muy bien que así fuera”, dice.