Invertir en arte puede ser lucrativo
Hay quienes creen que el arte no se desvaloriza, pero esta es una verdad a medias.
Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.
Si el cuadro que uno compra es un Botero, un Grau, un Débora u otro de alguien reconocido, puede estar seguro de que a la vuelta de unos años, lejos de desvalorizarse, costará más. Si es el de un desconocido, con el tiempo puede volverse oro en polvo en las manos de su dueño... o quedar valiendo menos que un pegote.
Esta es la síntesis de lo que afirman los galeristas y vendedores. El prestigio de un artista hace que sus obras valgan más, pero también que si se mira con ojos de negociante, vayan a la fija.
Germán Duque, de la Galería Duque Arango, indica que la creencia de que el arte no se desvaloriza, no puede ser una afirmación tajante.
“Si compras un Botero, por ejemplo, y lo adquieres por un precio justo, si bien es cierto que haces una inversión alta, a la hora de redimirla, es más fácil y está más madura”.
Explica que todos los Boteros no son lo mismo. Una pieza de etapas tempranas, años 50 o 60, no cuesta igual que otra de un período en el cual ya hubiera desarrollado sus figuras volumétricas o el color. Y así con cualquier artista.
“Contar con asesoría de galeristas o representantes serios permite hacer una buena inversión, sin riesgos de que las obras sean sobrevaloradas”; no lo estafan.
Cuenta que esas piezas de inversión segura, pueden ser recibidas por la misma galería que la vendió años atrás. A la suya han “regresado” tres o cuatro veces dos Boteros: La estocada y El picador, de una serie de toreo. Y un Obregón.
Con el arte de creadores nuevos, dice, la inversión con propósitos de rentabilidad, “es un albur: puede ser rentable en el futuro o desvalorizarse”.
Esto depende de si el artista sigue en el arte y, si es así, exponiendo nuevas ideas en galerías, museos o ferias.
No tan reconocidos
Aura Cuartas, de la Galería Aura Arte Nuevo, representa solamente artistas nuevos y recomienda la adquisición de sus obras. Si bien ella prefiere la compra motivada por “la conexión que alguien siente con una obra”, y no tanto como inversión, sabe que algunas personas lo hacen así.
Está de acuerdo con Germán Duque: es un riesgo invertir en las creaciones de estos artistas, “pero si siguen en el oficio, enriqueciendo su hoja de vida, exponiendo en diferentes sitios, el arte va subiendo de precio”.
Por su parte, Jaime Cano González, vendedor de arte por catálogo, también de creadores no tan conocidos, pero igual de creativos que los famosos, como Miguel de la Torre, Piñuela Pinzón, Carlos Andrés Gómez, considera que hay tres inversiones que no se desvalorizan: “La propiedad raíz, el oro y el arte”.
En cuanto al arte conceptual, especialmente el de las instalaciones, ha alcanzado precios importantes en los últimos años, sostiene Germán Duque. Pero se adquiere más por el gusto de poseer una idea estética, porque, por lo general, como está hecha con materiales de desecho o experimentales, como basura o tierra, se va acabando. En unos meses nada queda de él.