¡Agéndese! Uno de los mejores chelistas del mundo estará en Medellín
Santiago Cañón Valencia tocará en el Teatro Metropolitano junto a la japonesa Naoko Sonoda en el piano. Anímese y prográmese.
Periodista convencida de la función social de su profesión, de la importancia del apoyo mutuo, la educación y el arte.
Santiago cuenta que al tocar el violonchelo trata de imitar el sonido ideal que escucha en su cabeza para cada obra. Lo persigue para mantenerse fiel a su sensibilidad artística. A veces le sale idéntico, otras no. Lo que sí ocurre siempre es que le queda el placer y el orgullo de haberse abrazado con honestidad al instrumento que toca hace 20 años.
A día de hoy tiene 26 y ya fue galardonado (en 2019, con medalla de plata) en la Competencia Internacional Tchaikovsky. “Es como si tuviéramos un premio Nobel de la música con 24 años”, se atrevió a asegurar David García, director general de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (en la que Santiago debutó con apenas seis años), en el documental Un viaje sublime: Santiago Cañón-Valencia.
En sus repertorios incluye compositores contemporáneos, poco conocidos, casi secretos. Lo hace a modo de reconquista, desafía los conservadurismos, pinta, toma fotografías y produce su propia música experimental.
Santiago, calificado como uno de los mejores chelistas de Colombia, estará el martes 11 de octubre en el Teatro Metropolitano de Medellín (ver Para saber más). Lo acompañará la pianista japonesa Naoko Sonoda, con la que se entiende tan bien que, durante los ensayos, no tienen que hablar demasiado, solo tocar.
Usted es un artista muy joven y, en consecuencia, un referente claro para los más pequeños. ¿Lo siente así? ¿Siente algún tipo de responsabilidad con eso?
Sí siento que tengo un tipo de responsabilidad. Estoy llevando el nombre de Colombia, un nombre que no es común en la música clásica. Desde hace muchísimo tiempo han habido artistas colombiano increíbles, pero este tipo de música sigue siendo muy dominada por personas de Estados Unidos, Europa y Asia. Con respecto a lo demás, trato de no pensar mucho en mí como un referente. No quisiera, por pensar así, perder lo que hago de forma genuina. En este medio es muy fácil hacer cosas que no van con uno, solo por ser más reconocido o una figura a seguir. Siempre he tenido muy claro lo que quiero hacer.
¿Qué es eso que tiene claro? ¿Qué busca exactamente con su arte?
En este momento estoy muy enfocado en cierto tipo de repertorio y en ciertos conceptos. En estos últimos dos años he tratado de incorporar música nueva, cosas que no se escuchan en la mayoría de programas. La música clásica tiene el defecto de que siempre se quiere escuchar lo que se escucha todo el año, obras que ya se han tocado hasta más no poder. Es música increíble y no tiene porqué dejar de tocarse, pero creo que hay que potenciar la pasión por lo nuevo, por lo que no es tan común. Eso es algo que los demás géneros sí tienen. La gente que llega a los conciertos y no conoce nada del programa, casi siempre termina con una muy buena sorpresa. Me ha pasado mucho con la música de compositores colombianos.
Toma fotografías, pinta, hace música. ¿Cambia el proceso creativo con cada formato? ¿Le ofrece algo distinto cada uno?
Siempre ha habido un interés por las artes visuales y plásticas. Mi abuelo y dos de mis tíos eran pintores profesionales. Aprendí un poquito con ellos. Pinto cuando tengo tiempo, como un escape. Con la fotografía es más fácil porque cuando viajo tengo mi cámara, incluso con el teléfono se pueden hacer cosas interesantes. Cualquier tipo de arte tiene la capacidad de despertar emociones en la persona que crea u observa. Esa es la meta que siempre busco: transmitir un mensaje, hacer que la gente sienta algo y se conecte de alguna manera conmigo.
Volviendo al concierto en Medellín, ¿qué tiene de especial el repertorio? ¿Con qué se encontrará la gente?
Es un programa muy especial, tiene un poco de todo. Vamos a tocar la sonata póstuma de Ravel, que es una obra francesa, cercana a lo impresionista, con sonidos muy fantásticos. Luego hay un contraste grande porque nos vamos a la música de Schnittke, un compositor muy diferente. Su música es de influencia rusa, un poco más oscura —me siento muy agusto con ella—, tiene oscuridad, es muy poderosa, es una sonata que me encanta tocar. También está la sonata de Ginastera, que no es muy conocida. Es una combinación de su lenguaje folclórico, pero como la compuso en el periodo más tardío de su vida, es muy experimental. Va a ser un concierto de esos que meten en distintos paisajes al que escucha.