Cees Nooteboom y sus viajes, en la Filbo
El escritor es un viajero de tiempo completo. Encabeza la delegación de Holanda, invitado de honor de la Filbo. Además presenta dos libros.
Cees Nooteboom pasó la mañana del domingo en la Iglesia de San Agustín y el Museo de Santa Clara, se perdió por las viejas calles del barrio La Candelaria de Bogotá y volvió tarde al hotel por probar la sazón de un pequeño restaurante que encontró a su paso, donde comió caldo de costilla.
Buena parte de sus 83 años los ha vivido viajando. Son incontables las veces que ha visitado Colombia, por una invitación de un festival de poesía, el Hay Festival o, como en esta ocasión, porque Holanda, su país natal, es el invitado de honor a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo).
En la mano, o en el bolsillo, siempre una libreta y una pluma.
–”Mi esposa es quien hace fotografías, yo siempre a lo mío, a escribir, por eso llevo conmigo una libreta, que sea fácil de llevar y de utilizar”.
Es un trabajo en varios frentes. Los viajes le permiten ver, degustar, oír y oler el lugar. Sus libretas, en las que va realizando pequeños apuntes que le sirven para activar la memoria una vez esté en su casa en Alemania y sea la hora de escribir. También está su constante documentación, el regreso a los libros y la ayuda de su esposa, fotógrafa profesional, quien le aporta las imágenes.
Nooteboom habla cinco idiomas, pero son muchos más a los que, tanto su obra periodística como su prosa y poesía, han sido traducidos a lo largo de las décadas. El azar y el destino: viajes por Latinoamérica, por ejemplo, es uno de los libros que se lanzaron en la Filbo, en una selección de sus artículos periodísticos realizados en sus viajes a esta parte del mundo.
–Es increíble contar con notas periodísticas desde los años cincuenta –dice Nooteboom–. Cuando empezamos con la selección de los textos para este libro, me encontré con notas y cosas que había hecho hace tanto tiempo, pero que no recordaba. Fue leer los dos o tres primeros párrafos para que la memoria se reactivara. Los viajes deben tener un fin, un objetivo, pero no siempre el mismo objetivo. En mi caso en ocasiones son políticos, literarios, pero otras veces son viajes por el paisaje, por el arte, pero sobre todo de la aventura. Sin ella, no vale salir de casa.
En este libro se reencontró con sus escritos de los años 50, cuando llegó a Suramérica como marino, aunque le da un poco de pudor decirlo, hasta llegar a la historia de un amigo inglés que vivía en Andalucía, Michael Jacobs, quien hizo un viaje por el río Magdalena y luego se encontró con García Márquez, pero, dice, el escritor colombiano ya en ese entonces vivía en nebulas.
Jacobs escribió El ladrón de memorias sobre su viaje, su encuentro con el Nobel, pero en especial es un libro sobre el Alzheimer. “Yo seguí las huellas de Michael en Colombia, en especial en Mompox”.
El incansable viajero
Nooteboom empezó a conocer Colombia por la Amazonía. En su juventud, ya en la vida nómada, entró al continente por Surinam, pasó por el norte de Brasil y de Manaos y llegó a Leticia, donde dio sus primeros pasos por tierras colombianas hace más de 60 años.
–Mi suerte, que me pasa en todo el mundo, es que llego a un país y le cuento a la gente de los lugares que conozco de su país, y muchas personas me dicen ‘yo nunca he ido allí’. Era muy raro tener la posibilidad de visitar tres países en un solo día al estar en Leticia, poder cruzar a Brasil y luego visitar Perú.
Para conocer América Latina, asegura, ha sido clave su profundo conocimiento sobre España, país donde ha vivido, suele pasar largas temporadas y no sólo ha perfeccionado su español, también ha escrito libros como El desvío de Santiago.
–España era diferente hace algunos años, ahora es moderno. Antes vivían detrás de los Pirineos y se sentía casi que estaban alejados de la Europa continental, pero la realidad es que buena parte de América Latina no se puede comprender sin España, una de las dos herencias que tienen, junto a la indígena.
Cees no para de recorrer el mundo, con un particular interés en América Latina. Poco caso les hace a las indicaciones médicas de llevar una vida con mayor reposo y sin jornadas tan exigentes como la que vivió hace poco en el norte de Chile, atravesando buena parte de su desierto.
–No es verdad que el mundo sea más pequeño por el Internet o la gran cantidad de vuelos que hoy existen, hay mucho que vale la pena conocer. Cuando los jóvenes me piden un consejo de viaje, siempre les digo: lleguen a una ciudad, diríjanse a una estación de autobuses y tomen uno sin mucha planeación. Era lo que yo hacía de joven, para descubrir cosas que en un viaje organizado jamás se encuentran. Nada más interesante que dejarse caer en un mundo desconocido y ver qué ocurre.
Muy cerca de Silva
Hace algunos años La Casa de Poesía Silva realizó la primera antología poética en español de Cees Nooteboom, y ahora, durante la Feria, presentan una edición de Autorretrato del otro.
–Con el pintor Max Neumann hemos desarrollado una amistad que nos ha llevado a realizar algunos trabajos juntos. Esta vez, me envió más de 30 piezas gráficas, extrañas, surrealistas, que transmiten una cierta ansiedad, en colores como el rojo y el negro. La idea no era que yo describiera sus dibujos ni que él dibujara mis textos, de ahí el nombre del libro, porque era un intento de entrar en la mente del otro.
El trabajo entre la imagen y la escritura también lo ha realizado con su esposa, en libros de gran formato como Tumbas, que es el recorrido por las tumbas de poetas, filósofos y escritores por todo el mundo.
–Visitamos más de ochenta tumbas, como las de Pablo Neruda y Antonio Machado, y también de franceses, ingleses, alemanes, hasta llegar al Japón.
Ahora, volverán allá para culminar con un trabajo sobre el peregrinaje por los 32 templos que se encuentran alrededor de Kyoto, algunos con distancias prolongadas o en lugares bastantes altos.
En medio de todo esto, pronto saldrá a la venta un nuevo libro, 533.
–Quería un título que funcionara en todos los idiomas, y este número son los días que me tomó escribirlo.
No adelanta nada más. Primero esperar, luego leerlo.