El valor de lo hecho a mano
Cada artesanía y pieza de diseño elaborada de forma manual guarda una historia. Los europeos se interesan por conocerla, los latinoamericanos, por el contrario, la subvaloran.
La moda como lenguaje: desde el poder de los colores y los diseños hasta los tejidos que dan origen a una prenda, es la apuesta que la revista QuéMePongo entrega en cinco ediciones al año. Exclusiva para suscriptores de El Colombiano.
Periodista de la unidad de Revistas de El Colombiano. Manizaleña de corazón; prefiero el clima frío, las bebidas bien calientes y pasar tiempo en familia.
Mientras en Colombia la mayoría de compradores locales busca obtener un descuento por un producto único, en Europa sus ciudadanos esperan adquirir piezas exclusivas a costos generalmente altos. Es la realidad ineludible de aquí y de allá.
Según Juliana Villegas, vicepresidente de exportaciones de ProColombia, “Europa es un mercado que aprecia el trabajo hecho a mano y artesanal porque la mano de obra tiende a ser escasa y este tipo de productos requiere especialización en los acabados e intensidad horaria por prenda, características de los productos latinoamericanos y de Colombia”. Contrastado con Latinoamérica, en donde existe una subvaloración de las artesanías y productos hechos a mano debido al desconocimiento de su origen, valor cultural, patrimonial y ancestral.
“Se ignoran las historias detrás de cada pieza, el significado de sus grafismos, materias primas y destrezas de las técnicas. Creo que un artista y un artesano deberían ser reconocidos por igual. Los artesanos son artistas naturales y las artesanías son las primeras obras de arte del diseño. Resuelven las necesidades del vestido, el cobijo y piezas utilitarias que cuentan historias familiares y expresan cultura, identidad, riqueza y diversidad”, indica Ana María Fríes, gerente general de Artesanías de Colombia.
El Foro Económico Mundial, Organización Internacional de Cooperación Público - Privada y que involucra a los principales líderes políticos y empresariales del mundo, reseña en el artículo In Europe, skilled craftsmanship is luxury. Why not in the rest of the world, too? (En Europa, la artesanía es un lujo. ¿Por qué no en el resto del mundo, también?), que las técnicas de patrimonio en Europa se encuentran en el centro de las campañas de marketing de Gucci, Berlutti, Hermes, Chanel, entre otros, y los artesanos se introducen cada vez más en los festivales del arte, como L’Ecole Metiers d’Art entendiendo que esta inmersión construye lealtad con los consumidores que valoran cada vez más historia y autenticidad. Ejemplos de peso que obligan a reflexionar y a preguntarse de nuevo: ¿a qué obedece, entonces, el comportamiento distante del consumidor latinoamericano?
Más razones
“Falta conocimiento en el tema, de la pieza que uno está adquiriendo. El hecho de pedir ‘rebaja’ está ligado a menospreciar el tiempo del artesano. Nos falta más formación de públicos en todo: arte, teatro, cine, cultura, educación”, explica Marcela Colorado Vélez, coordinadora de Canales de Venta del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), lugar al que llegan durante el año muchos visitantes de la ciudad y del país, pero donde más invierten en piezas de diseño los extranjeros. Allí se venden objetos que oscilan entre $2.000 y $1.800.000. En Artesanías de Colombia, sede Medellín, se ofrecen artesanías autóctonas que van desde mochilas wayú, cerámicas, tapicerías y cesterías.
Sea el momento para que todos fijen su mirada en aspectos más relevantes alrededor de este tipo de productos, las manifestaciones de cultura, exploren en su tierra y reconozcan las capacidades que existen en torno a la creación de piezas a partir de materiales propios. Cuando esto ocurra, la sociedad logrará apreciar, valorar, construir y aportar al desarrollo social y económico que tanto se necesita en el universo de los artesanos y artistas. Es de resaltar que las ferias anuales que realiza Artesanías de Colombia en Medellín y Bogotá, extienden una plataforma comercial encaminada a garantizar ingresos a los artesanos y a crear un nivel de conciencia sobre la calidad en consumidores nacionales e internacionales.