Adiós a Farley Velásquez y a su teatro de furia y libertad
El fundador y director de La Hora 25 es considerado un maestro de la escena. Hizo siempre un teatro diferente, universal y contemporáneo.
Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.
La Máquina. Así llamaban los amigos del teatro a Farley Velásquez Ochoa.
Y tal vez no hubieran podido hallar un apelativo más apropiado. Su vitalidad sin par, su conversación inteligente, su actuación energética, su capacidad de trabajo sin límite, hacían que este animal escénico contagiara de entusiasmo a quienes lo rodeaban.
Sin embargo, este apodo se lo pusieron sus colegas del teatro, luego de su montaje de Hamlet Máquina, de Heiner Müller a finales de los ochenta.
Farley nació en enero de 1966 y pasó la infancia en el barrio Florencia. Allí alimentó su pasión por el teatro. Así lo reveló a Danuvio, en su blog Retazos de Vida, en marzo de este año: “viene a mi mente una frase de Hölderlin, ‘Ojalá no olvidemos lo que de niños prometimos’ y yo desde niño me prometí hacer del teatro mi vida”.
Fue también allí, en medio de la violencia de los años ochenta y noventa que fue formando esa poética de la ciudad y de la tragedia.
“¡¿Farley, el loco?!”. Julio César Herrera, reportero gráfico de EL COLOMBIANO, lo recuerda en los primeros cuatro años de bachillerato en el colegio Atanasio Girardot, de Campo Valdés. “Era loco y extrovertido. Era plaga. En esa época uno no podía decir que fuera a dedicarse al teatro, pero participábamos juntos en pequeños montajes y representaciones. Un día hicimos La hojarasca. Después de muchos años, cuando yo iba a La Hora 25, él me abrazaba y decía: ‘Julio, vos y yo estudiamos juntos’. De verdad, quedo muy triste con la noticia de su partida”.
En la Escuela Popular de Arte adelantó su formación artística. Y en la vida, en cuanto al ejercicio teatral, fue alumno de José Manuel Freidel, un dramaturgo, actor y director que sembró la semilla del teatro en muchas personas de Medellín, especialmente en los de la Exfanfarria Teatro.
Turbulencias
El actor Ramiro Tejada, también alumno de Freidel, recuerda a Farley desde sus inicios. “A Farley lo terminamos de criar —dice—. Recuerdo que en el 90 fuimos a Ecuador con Las tardes de Manuela y él era el iluminador. Tuvo que devolverse rápido porque su compañera de ese entonces estaba embarazada y tuvo alguna emergencia. También recuerdo que cuando hizo el montaje de El país de las mujeres bellas, nos contó después que su mamá era una de esas mujeres. Y vivía orgulloso de que sus padres fueran oriundos de un pueblo lechero y hubieran ordeñado vacas”.
Farley fundó su grupo, La Hora 25, en 1989. Ocupaba el subsuelo del Ballet Folklórico de Antioquia, en Prado Centro.
Hace más de 15 años se trasladó al barrio Cristóbal.
“Una de las principales características de Farley era la pasión por el teatro —comenta Jackeline Builes, actriz en varios montajes dirigidos por Velásquez: Hamlet Máquina, Ricardo III, Eros y Tánatos, Rey Lear, La mujer de las rosas, entre otras—. Como director, era exigente con los actores. Nos pedía que sintiéramos verdaderamente lo que decíamos, para conmover al espectador. Recuerdo que nos repetía que debíamos dejar la sangre en el escenario”. Del ser humano, Jackeline dice: “me gustaba su humor, sus chistes, sus sátiras”.
Óscar González, el asesor teatral de La Hora 25, lo define como “un esteta poderoso movido por turbulencias interiores. Y estas turbulencias eran las que le marcaban la forma de hacer teatro”. Y resalta que su hijo, Lucas Velásquez, se hizo actor al lado de ese teatrero apasionado.
Ganador del Premio Nacional de Dirección Teatral en 2006, por el montaje de Electra, de Eurípides, tuvo un final de tragedia, como su maestro Freidel. De acuerdo con informes de CTI, Farley fue encontrado muerto como NN, en la madrugada del lunes 31 de agosto. Cayó del segundo piso de una casa de masajes de La América. Las investigaciones preliminares no permiten todavía explicar por qué cayó. “Freidel también fue hallado como NN, cerca del Teatro Pablo Tobón —recuerda Tejada—. Su madre lo identificó por la descripción que apareció en la prensa”.