El estremecedor relato de colombiana víctima del conflicto que escuchó el papa Francisco
El sumo pontífice invitó a Luz Dary Landázuri a compartir su historia de vida en el viacrucis en Roma la semana pasada. La lideresa ya había tenido un encuentro con el papa en 2017 durante su visita a Colombia.
El desgarrador relato de Luz Dary Landázuri, una colombiana víctima del conflicto, durante el viacrucis realizado el Viernes Santo en el Coliseo de Roma, estremeció no solo al papa Francisco, que lo escuchó a distancia, sino a los millones de feligreses que seguían uno de los actos religiosos más importantes de la semana mayor.
El sumo pontífice, que no pudo asistir al evento por el frío que hacía en la ciudad, siguió el viacrucis desde el Vaticano, que este año tenía como lema “Voces de paz en un mundo en guerra”.
La mujer, oriunda de Tumaco, Nariño, llegó hasta Roma a contar su historia luego de que el papa escuchara su testimonio en la visita que hizo a Colombia en 2017. En Villavicencio (Meta), en un encuentro que Francisco sostuvo con víctimas del conflicto, la lideresa habló sobre el impacto de la guerra en el Pacífico y en su propio cuerpo: una mina antipersona le destrozó parte de una de sus piernas en 2012.
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Fue ese el testimonio que la colombiana le compartió al mundo en el viacrucis la semana pasada. En la cuarta de las 14 estaciones, Luz Dary expresó:
“En el 2012, la explosión de una bomba puesta por los guerrilleros me destrozó una pierna. La metralla me provocó decenas de heridas en el cuerpo. De aquel momento recuerdo los gritos de la gente y la sangre por todas partes”.
“Pero lo que más me aterrorizó fue ver a mi hija de siete meses, cubierta de sangre, con muchos trozos de vidrio incrustados en su carita. ¡Lo que debe haber sido para María ver el rostro de Jesús deformado y ensangrentado!”, dijo Landázury ante los más de 20.000 asistentes presenciales y los millones de fieles que siguieron la transmisión desde sus casas.
Y agregó: “Comprendí que dentro de mí y a mi alrededor había heridas más profundas que las del cuerpo. Comprendí que muchas víctimas necesitaban descubrir, tal y como lo hice yo, y a través de mí, que tampoco para ellos esto había terminado y que no se puede vivir de resentimiento. De este modo empecé a ayudarles: estudié para enseñar a prevenir los accidentes causados por los millones de minas diseminadas en nuestro territorio”.
Tras ser víctima de las minas, Luz Dary adelantó un proceso de recuperación que duró dos años. Después, en 2015 y en un acto de resiliencia, comenzó a hacer educación en el riesgo de minas, hasta convertirse en la coordinadora regional del Pacífico Sur de Colombia de la Fundación Cirec, que trabaja con víctimas de artefactos explosivos.
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“Agradezco a Jesús y a su Madre por haber descubierto que enjugar las lágrimas de los demás no es tiempo perdido, sino la mejor medicina para curarse a uno mismo”, concluyó en su intervención en el Coliseo romano, haciendo alusión también a su trabajo, de acompañar a poblaciones que continúan bajo riesgo por las minas.
De acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, entre 1990 y 2022 se registraron 12.170 víctimas de minas antipersona. Solo el año pasado hubo 123 víctimas de estos artefactos.