Colombia

¿Murillo pierde capital político como Canciller encargado?

Perfil del exgobernador del Chocó y embajador en EE. UU., quien se ha encargado de respaldar las relaciones diplomáticas que desde sus redes ha liderado Petro.

Editor General Multimedia de EL COLOMBIANO.

11 de mayo de 2024

Luis Gilberto Murillo se ha mostrado como un fiel escudero del presidente Gustavo Petro. Quienes lo conocen en Quibdó aseguran que es un hombre leal como pocos; esas mismas personas también dicen que es lo “mejor que ha dado la tierra chocoana”. Algunos hasta aseguran que la palabra que lo define es “estoicismo; él es un estoico”. Quizá por ese rasgo de su carácter es que no se le nota que está aburrido en el encargo que tiene como Canciller de la República —que ahora se ha renovado por tres meses más—, remplazando al octogenario Álvaro Leyva, quien salió suspendido por la Procuraduría por el reversazo a la licitación de los pasaportes que se ganó una vez más la firma Thomas Greg & Sons.

Lea más: “Es un funcionario norteamericano”: Diosdado Cabello acusó al canciller Luis Gilberto Murillo de no trabajar para Colombia

Quienes conocen a Murillo de cerca aseguran que él quería quedarse en Washington, Estados Unidos, donde fungía como embajador con todo lujo de detalles, desarrollaba un bajo perfil, tenía mejor sueldo y, como si fuera poco, consolidaba las decenas de relaciones que tenía en ese país, a cuya nacionalidad renunció para asumir el cargo, y que demostró cuando logró que el presidente Petro terminara su gira por Estados Unidos con una reunión con el presidente Joe Biden.

Para algunos, en su nuevo rol como Canciller de la República, Murillo está quemando la buena imagen política que tenía en el país, pues además de secundar el reverzaso de los pasaportes ha sido ambiguo en condenar la persecución que desató el presidente venezolano Nicolás Maduro en contra de su opositora más férrea, María Corina Machado, a lo que solo atinó a decir que el Gobierno velaba por garantizar una transición tranquila; no ha podido frenar a Petro en su andana en contra de Israel y el cierre de relaciones diplomáticas, lo que le ha dejado en el ostracismo diplomático. Quizá su salida más rápida fue de la crisis con Argentina después de los inaceptables insultos de Javier Milei, la cual trató por los canales privados y logró bajar los decibeles del ruido.

Para saber más: Ante suspensión de Leyva, Luis Gilberto Murillo seguirá ejerciendo como canciller encargado otros tres meses

Ahora bien, ser “un hombre de muchas relaciones en Estados Unidos” le ayudó esta semana a que el rompimiento de las relaciones diplomáticas que hizo Petro con Israel no trajera daños colaterales —pues varios congresistas gringos criticaron al mandatario—. Murillo defendió esa decisión asegurando que se trató de una vindicación del Derecho Internacional Humanitario y que no fue algo apresurado, sino el desarrollo de un plan que se venía pensando desde octubre.

Justo en una entrevista dijo: “Nosotros tenemos una relación muy vibrante, con buena salud con los Estados Unidos. Y tenemos conversaciones permanentes a través de canales diplomáticos. Compartimos algunas lecturas de lo que sucede en el mundo, otras no, pero las conversaciones que tenemos sobre esos asuntos son conversaciones muy sinceras, muy francas”.

Esas relaciones buenas con Estados Unidos son más que evidentes en la región. El vociferante líder chavista Diosdado Cabello le tiró esta semana una pulla a Murillo; después de que asegurara que el Gobierno colombiano quiere “garantizar una transición tranquila” en Venezuela, le dijo: “¿Quién lo mandó a usted a declarar eso? ¿Su presidente de Colombia o su presidente de Estados Unidos? ¿Para quién trabaja usted? ¿Quién le da derecho a usted a hablar de transición en Venezuela? (...) Aquí la única transición que viene es la transición al socialismo, no hay otra”.

Y más adelante: “Este es un funcionario norteamericano, este no trabaja para el Gobierno colombiano (...) y habló en inglés para que lo entiendan los amos de allá de Estados Unidos. (...) Ocúpese de los asuntos internos de Colombia, que tiene problemas, que jode, parejo, para que usted se esté metiendo en los asuntos internos de Venezuela”.

Y el canciller Murillo no se quedó callado, pero actuó con altura, como tiene acostumbrados a quienes lo conocen: “A palabras necias, oídos sordos (...) hoy tuvimos una reunión productiva y sincera con el canciller de Venezuela, Yvan Gil, donde manifestamos nuestras preocupaciones, pero siempre hemos mantenido un diálogo diplomático muy fluido y esa es la voz oficial del Gobierno de Venezuela”.

El Canciller parece estar entre la espada y la pared, pues su perfil de hombre que conserva las buenas relaciones ha quedado borroneado por la línea que el presidente Petro tira en sus redes sociales y en discursos: levantar peleas con países vecinos y callar frente a quienes son cercanos políticamente.

Hay que recordar que Murillo es un advenedizo en el gobierno Petro, pues el exgobernador chocoano —graduado como ingeniero de minas en la Universidad Estatal Rusa de Prospección Geológica— en realidad estuvo en la disputa presidencial como fórmula de Sergio Fajardo, adonde llegó con “una perspectiva ideológica del centro (...) a un frente amplio por la paz, la democracia y la vida”.

Murillo es uno de los hombres más queridos en Chocó, pues después de su segunda Gobernación (la primera fue en 1998 y la segunda empezó en 2012 y terminó 10 meses después por una suspensión del Consejo de Estado) la familia Sánchez Montes de Oca no volvió al poder, familia que se ha visto envuelta en acusaciones de corrupción.

Después de su salida del Chocó, aterrizó en el gobierno de Juan Manuel Santos como director del Programa Presidencial para la Población Afrocolombiana, luego fue coordinador del Plan Pacífico (que atendió la crisis de violencia y pobreza en Buenaventura y otros municipios del Pacífico) y luego fue nombrado ministro de Medio Ambiente.

El canciller ha sido un defensor de los procesos de paz, tanto que abandonó su partido Cambio Radical cuando estos votaron de manera negativa en contra de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), así logró un nombre de independencia que lo ha llevado a estar en las filas del gobierno de Petro. Murillo sigue siendo un hombre poderosísimo en el Chocó, no hay movimiento político que se le escape, además está investido en la región por un aura de decencia.

Quizá hasta ahora, cuando han pasado casi dos años del gobierno de Gustavo Petro, el canciller Murillo había logrado mantenerse como un hombre ecuánime, racional y con don de gente, calidades que lo ponían en sonajeros de posibles presidenciables, pero el capital político ya en Colombia parece agotársele.