Paz y derechos humanos

De las armas de las Farc no se conocerá su origen

Aunque el desarme de ese grupo guerrillero ya inició, se acordó que no se entregará información sobre numeros seriales del armamento. ¿Qué significa?

Periodista. Magíster en Comunicación de la Defensa y los Conflictos Armados de la Universidad Complutense de Madrid

21 de marzo de 2017

El pasado primero de marzo se inició el desarme de 7.300 guerrilleros de las Farc. El primer paso para ese procedimiento, que deberá terminar con la fundición de ese armamento y la construcción de tres monumentos según lo acordado en Cuba, es el registro de todo el material. En ese paso Gobierno y Farc acordaron no dar información sobre el número serial de las armas, lo que en entre otras cosas significa que no se conocerá su origen y cómo entraron al país.

Cada arma, ya sea revólver, pistola, carabina, fusil, subametralladora o ametralladora, tiene un número de identificación en el que se puede saber la marca de prueba, un símbolo que sirve para identificar la nacionalidad del fabricante, del importador, el mismo fabricante y el calibre.

Oficiales retirados del Ejército, quienes prefirieron no dar su identidad, afirman que el serial de las armas es como el número de identidad de una persona. Con ese número hay una serie de entidades a nivel internacional que se encargan de identificar su procedencia, si estuvo en otros conflictos, como también si hay algún grupo ilegal involucrado. “Es evidente que en este caso las Farc hacen esto porque no se quieren clavar el cuchillo, porque con el serial se podría establecer de dónde y cómo llegó ese armamento al país”.

Según el Acuerdo Final firmado por el Gobierno y las Farc, en el anexo A del “Protocolo y Anexos del capítulo de Dejación de Armas”, está estipulado: “el registro, identificación y marcado de las armas lo realizará el componente internacional del mecanismo de verificación”.

Esto quiere decir que en ese registro, según lo acordado, se llenará un formulario que debe tener el tipo de arma, calibre, modelo y nombre de quien la porta, pero no exige registrar el número de serie del material. Algo similar ocurre con las granadas y municiones, las armas de acompañamiento y de las milicias.

Como organismo verificador, la ONU solo se limitará a lo acordado por las partes involucradas en el proceso de paz, por lo que el tema del serial de las armas es algo que no se verificará ni se investigará.

“Se hará un registro y se tendrá control con un código de barras, pero entre las Farc y el Gobierno acordaron no hacer registro del número de serie, y la ONU hace lo que las partes pidieron, nada más a partir de ahí”, explica Carolina Azevedo, vocera y jefe de comunicación de la misión de la ONU en Colombia.

Viviana Manrique, exviceministra del Interior y consultora en políticas públicas, explica que lo que se ha trabajado a través de protocolos internacionales en materia de desarme, siempre ha exigido que se trate de hacer un registro con el fin de lograr la trazabilidad del arma, en este caso no es solamente de dónde viene, sino para dónde va.

“En el caso de los procesos de paz cuando se entrega el armamento, la idea del registro es precisamente que no vuelva a ser utilizado, que quede registrado y se proceda a su destrucción”.

No obstante, que la ONU sirva como verificador de la dejación, es el aval para garantizar que las armas cumplirán con su destino final: su destrucción e inhabilidad.

La importancia del serial

Aunque en el proceso de desmovilización con las Autodefensas Unidas de Colombia, Auc, tampoco se exigió que se conocieran los números de serie de las armas. La Fundación Ideas para la Paz, con la ayuda del gobierno de Bélgica, publicó un informe llamado “Rastreo de Armas”, en el que se logró corroborar, gracias a ese “número de identidad”, la procedencia de la gran mayoría de ese armamento y en algunos casos, cómo ingresaron al país (ver gráfico).

Como se muestra en las estadísticas de esa publicación, Europa fue uno de los continentes de donde llegaron la mayoría de fusiles para las autodefensas; según esos números, Bulgaria se ubica como el principal país de origen de armamento, con el 38,07 %, seguida de Bélgica (14,42 %), Alemania (12,01 %), Hungría (8,55 %) y Rumania (7,44 %).

“A la luz de estos volúmenes de armas, surgen dos posibilidades principales para explicar su arribo al país. Una, la posibilidad de que dichas armas hicieran parte de algunos cargamentos de tráfico a gran escala, presumiblemente negociados por las Auc de manera centralizada, y posteriormente transferidos a sus estructuras regionales.

De otra parte, las cifras podrían representar la acumulación de múltiples operaciones de tráfico y desvío de pequeñas cantidades de armas, un esquema que resultaría más cercano a lo que se esperaría si cada estructura de las autodefensas se responsabilizase de sus propias necesidades de armamento”, cita el documento.

Otro de los hallazgos de la investigación señala es que entre el material bélico entregado por las autodefensas, hubo varios fusiles AKM MpiKM de fabricación Jordana “que fueron robados a las Farc por esa estructura después de combates, hecho que se puede notar al contrastar los números de serie encontrados en el armamento de las Auc, con aquellos decomisados a las Farc en el caso Jordania”.

Lo de Jordania, según las autoridades, se trató de la compra de un cargamento de 10 mil fusiles por parte de las Farc en una operación que involucró (entre otras personas) al asesor de seguridad peruano Vladimiro Montesinos, al comerciante de armas libanés Sarkis Soghanalian, y al agregado militar ruso en Lima.

En ese rastreo de armas también se lograron ubicar 7.640 fusiles AK-47 M1A1 provenientes de la fábrica Búlgara Arsenal Kazanlak, que entraron por el puerto de Buenaventura y que terminaron en manos de las Auc, como también 3.000 AK-47 de la policía nicaragüense, comprados por el mismo grupo ilegal a través de los ciudadanos israelíes, Ori Zoller y Shimon Yelinek.

Sobre esta investigación, María Victoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz, afirma que un proceso serio con las armas que se entreguen puede ser de suma importancia para poder resolver muchas dudas, “infortunadamente no en procesos judiciales, pero sí para conocer todo lo relacionado con las redes de tráfico”.

Llorente asevera que el estudio evidenció también que en la agenda de Colombia no hay nada sobre control al tráfico de armas. “Es prácticamente inexistente”, insiste.

Armas en otros procesos

Álvaro Villarraga, director de Acuerdos de Verdad del Centro de Memoria Histórica, explica que en casi todos los procesos de paz con otros grupos guerrilleros, e incluso con los paramilitares, no hubo exigencia sobre el número serial de las armas para realizar una investigación sobre su procedencia.

“Todas las armas entregadas en los diferentes procesos, por lo menos en los más representativos, tuvieron una veeduría internacional, pero la destrucción de ese armamento se dio sin ningún dato extra como el de los seriales”.

Villarraga recuerda que el destino del material bélico del Epl, que fueron más de 600 fusiles, fue la construcción de un monumento a las víctimas, la paz y la verdad en Medellín.

Afirma el investigador que otro armamento como el del Quintín Lame, fue destruido con autonomía por los propios indígenas, las del Partido Revolucionario de los Trabajadores, Prt, fue destruido y arrojado al mar Caribe, cerca a Cartagena. “Lo que sí hubo en todos estos casos fue misiones veedoras que tenían el registro de todo lo que se entregó y ninguna de esas armas, por lo menos de grupos guerrilleros, fueron entregadas al Gobierno, técnicamente eso tiene su ingrediente moral y político”.

Luis Guillermo Pardo, exintegrante del M-19 y ahora asesor de paz, se remite al libro Acuerdos de Paz, en el que se narra todo lo sucedido con el proceso de paz con ese grupo subversivo. Allí, según Pardo, se cita que todos sus frentes armados fueron desmovilizados y sus miembros incorporados a la vida institucional del país; anuncia, así mismo, que hizo dejación de todas sus armas, municiones y material de guerra ante la Comisión de la Internacional Socialista designada para este fin.

“Para la coordinación de todo el Plan de Desmovilización acordado con el M-19, el Gobierno Nacional creó el Consejo Nacional de Normalización mediante Decreto 314. El Gobierno Nacional, a partir de la fecha, aplicará el Indulto a los miembros del M-19 y dará inicio a los programas de reinserción social y productivos acordados. El Movimiento 19 de Abril, reitera así mismo, que a este acuerdo se acogen todos sus miembros y que como grupo armado deja de existir”.

En dicho acuerdo con el Gobierno, tampoco se exigió entregar información que vinculara los números seriales del armamento que fue entregado tras la desmovilización.

Casos internacionales

Con el pasar de los años, los protocolos europeos y de Naciones Unidas sobre desarmes o dejación de armas han evolucionado. Sin embargo, como lo reconoce Marcos Peckel, internacionalista y docente en la Universidad Externado, es un asunto complejo porque es casi imposible saber con exactitud el número de armas que puede tener un grupo armado, como por ejemplo las Farc. Todo depende de la confianza y que estos grupos digan lo que tienen.

Para este académico lo ocurrido en los procesos de paz en Centroamérica relacionado con la entrega de armas no tuvo un control tan estricto y “como bien sabemos, muchas armas utilizadas en Centroamérica terminaron acá en Colombia”.

Otros ejemplos citados por Peckel explican que “en Nepal se entregaron las armas a Naciones Unidas, estuvieron durante un tiempo en algunas bodegas, después se destruyeron. En El Salvador también se entregaron las armas a la ONU y también después de un tiempo se destruyeron. Lo que no sabemos es si todas las armas se entregaron, cada proceso arroja resultados diferentes en el armamento entregado por los grupos ilegales”.

No obstante, en ese país centroamericano muchas de las armas del conflicto terminaron en las pandillas, entrenadas ahora por exguerrilleros, exmilitares y expolicías.

Los expertos en armas y procesos de paz consultados por este diario coinciden en que esta etapa del desarme tiende a ser compleja, sobre todo porque se basa en un compromiso y confianza a la hora de las Farc entregar su armamento. Lo que se espera es que se corrijan los errores cometidos en otros procesos de paz para evitar que las armas que se entreguen vuelvan a ser disparadas.