La Policía les hizo fiesta en el Dann Carlton a 12 quinceañeras de los barrios de Medellín
La Policía, con ayuda de empresarios, les alquiló vestido, les dio maquillaje y una fiesta inolvidable a 12 muchachas de los barrios populares de la ciudad.
En el hotel Dann Carlton, ubicado en una de las zonas más exclusivas de Medellín, se les cumplió el sueño a 12 quinceañeras. Son muchachas de barrios populares de la ciudad, cuyas familias no tenían recursos para celebrar una fiesta de quince años. Pero, gracias a la iniciativa de la Policía, a la que se le sumó la solidaridad de empresarios, pudieron no solo tener fiesta, sino vivir una velada soñada.
La historia comienza cuando el mayor Juan Otálvaro, que hace parte de la Seccional de Protección de la Policía, pensó en ayudar a algunas familias de la ciudad, en particular a las que habitan los barrios periféricos, donde abundan las necesidades. Hacía unos años se habían celebrado fiestas de quince a familias sin recursos, pero esa iniciativa se había acabado. ¿Por qué no volverlo a hacer?, se dijo.
Lo primero fue conseguir un lugar. El mayor tocó las puertas del hotel Dann Carlton, que de inmediato se ofreció a prestarles el salón sin ningún costo. Así, tocando otras puertas, recibió donantes para la comida, logística y el transporte de las quinceañeras.
El cupo se fijó en 12 niñas, y cada una podía invitar a 9 personas. Liliana Marulanda, del barrio Santa Cruz, escuchó sobre el proyecto en la junta de acción comunal. Entonces decidió inscribir a su hija, Laura Legarda. Lo hizo porque era la única oportunidad de celebrarle los quince. “Como no tenemos recursos, no íbamos a poder darle una fiesta. Fue una sorpresa muy grande para mí”, comenta la madre.
El proceso fue muy rápido. Luego de seleccionadas las 12 jovencitas, tuvieron una reunión en la que les explicaron la idea del mayor Otálvaro. Al día siguiente ya estaban escogiendo los vestidos para la fiesta. Sor Bedoya, que inscribió a su hija Sara, la acompañó hasta el Centro, cerca a la estación San Antonio, a escoger el vestido.
Las elecciones de las muchachas fueron variadas. Tres se inclinaron por el rojo, aunque en tonalidades diferentes. Dos decidieron vestirse de negro, con elegancia, mientras que otras prefirieron colores pastel. Cada elección fue única, distinta a las demás.
No gastaron un peso
La idea del mayor Otálvaro era que las familias no tuvieran que gastar nada para la fiesta. Y así se hizo. La solidaridad de empresarios lo permitió: les pagaron el alquiler del vestido, el arreglo de las uñas y el cabello, así como el maquillaje.
Otra empresa les dio ropa interior a las muchachas para que estrenaran. Ni siquiera tuvieron que poner los pasajes, pues les ofrecieron transporte desde sus casas hasta el hotel.
A la llegada al salón, sobre las 6:00 de la tarde, los invitados recibieron una copa de champaña. Después vino todo un deleite gastronómico, con un plato fuerte de pavo envuelto y recubierto de una salsa. Sor, la mamá de Sara, cuenta que estuvieron en el salón hasta las 10:30 de la noche. En ese tiempo bailaron, todos en familia. “Fue un momento espectacular. Una cosa buena es que no hubo trago, fue una celebración muy sana. Nos fuimos felices”, precisa Sor.
El mayor Otálvaro se sintió satisfecho cuando una de las mamás tomó la palabra durante la fiesta. Agradeció a la Policía por la oportunidad, por ofrecer la fiesta que soñaban y que no tenían cómo celebrar. Sor, por ejemplo, dice que, de no haber sido por esta iniciativa, su hija se habría quedado sin celebración. A lo sumo, para no pasar invicta, le habría comprado una torta .