Vandalismo y pánico afectó a feligreses de parroquia San Ignacio
Manifestantes intentaron prender fuego al templo mientras había personas en misa.
Comunicador social y periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana, especializado en la investigación de temáticas locales. También cubro temas relacionados con salud, historia y ciencia.
Una noche de pánico vivieron los feligreses de la parroquia San Ignacio de Loyola en medio de las manifestaciones y protestas que se tomaron este martes varios puntos del centro de Medellín.
Aunque todavía no se ha levantado un inventario de los daños, de acuerdo con los cálculos preliminares se prevén daños de entre $15 y $20 millones en las puertas, rejas y el frontis del centenario templo, ubicado en el costado oriental de la plazuela San Ignacio.
El párroco Guillermo Zuluaga explicó que todo comenzó hacia las 6:30 de la tarde, cuando en el templo se terminaba la eucaristía de las 6 p.m.
Mientras se repartía la comunión, el sacerdote narra cómo un grupo de aproximadamente cien personas, la mayoría mujeres, llegó a la plazuela gritando arengas.
Tras escuchar el ruido de la manifestación, que marchaba en dirección al recinto, algunos de los feligreses que se encontraban cerca a las puertas se precipitaron a cerrarlas para impedir su entrada.
Según reconstruye el sacerdote, luego de que el lugar quedara cerrado con aproximadamente 50 personas en su interior, los marchantes se exaltaron más y comenzaron a pintar grafitis sobre las puertas y paredes del templo.
Sin embargo, el momento de mayor tensión se vivió cuando intentaron irrumpir y asaltar violentamente el lugar, arrancando las rejas y prendiendo fuego a una de las puertas de madera.
“Había mucho pánico, porque como comenzaron a quemar las puertas, la gente pensó que la iban a quemar”, reconstruye el sacerdote, contando que el humo y el olor a madera chamuscada se acumuló en la parroquia.
Tratando de evitar una tragedia, algunos de los feligreses vaciaron varios extintores por debajo y la parte interna del portón, evitando que las llamas ganaran terreno.
Tras una hora de terror, el religioso cuenta que un grupo de aproximadamente seis mujeres, identificadas como garantes de Derechos Humanos, se interpusieron entre quienes protagonizaban las protestas y la puerta, buscando desescalar la tensión.
En medio de esa confrontación, una de ellas resultó herida, informó el padre Zuluaga.
Cuando amainó la violencia, los feligreses evacuaron por el despacho parroquial.
Hacia las 11 de la noche, agregaron testigos, otro grupo ajeno a la parroquia llegó al lugar para cubrir las consignas pintadas en las horas de la tarde, usando una pintura gris que también ocasionó daños a esa construcción patrimonial.
“Uno tiene derecho a manifestar sus opiniones y sus puntos de vista, pero siempre desde el respeto y la tolerancia”, expresó el párroco. “Esto no era una manifestación a favor de una idea, era una expresión de violencia”, dijo.
Durante la mañana de este miércoles, la parroquia adelantaba un inventario detallado de los daños y presupuestaba cuanto podrían costar las reparaciones.