Sigo creyendo, como lo dije en este mismo espacio el 28 de abril, que Juan Manuel Santos tiene las condiciones a su favor para ser reelegido en 2014. Y sigo creyendo también, como sostuve el 12 de marzo del año pasado en una columna titulada ‘Santos en caída libre’, que el camino para llegar no será de rosas.
¿Son contradictorias esas dos afirmaciones hechas en el pasado, pero traídas al presente con la confianza de que ambas aún tienen sustento? Creo que no. La razón es que el poder de los medios de comunicación es tan grande, el aparato estatal tiene una fuerza tan desmedida y los partidos se acomodan al que define el presupuesto, que aunque Santos caiga en aprobación eso no impedirá que pueda ganar. Más aún cuando no se ve en el horizonte un candidato de fuerza que tenga opciones de mover el péndulo del electorado. No lo hay en la izquierda con el Polo o los Progresistas, ni lo hay en la derecha con el uribismo.
En el único lugar donde podría haber una persona que reuniría cualidades para disputar una campaña presidencial con dinamismo y con viabilidad de triunfo, es precisamente en el círculo de poder de Santos. Y ese sería sin duda, Germán Vargas Lleras.
Pero, ¿por qué razón entregaría el Presidente el mando a otro si él tendría las condiciones de reelegirse? Santos, similar a como lo hacía José Luis Rodríguez Zapatero en España, vive por las encuestas y el respaldo público que éstas le muestran. Si ve que podría ganar, pero viviría su segundo período en medio de un infierno de desaprobación y situaciones como la del Cauca, preferiría dar un paso al costado y garantizar que alguien cuide su legado. Es un político cómodo al que no le gusta lidiar con cifras en rojo en su popularidad.
Con el reciente escándalo de la reforma a la justicia nos dimos cuenta cuál es el grado de compromiso de los grandes medios con Vargas Lleras, que lo dejaron pasar de agache.
Y con la última encuesta de Gallup, en la que sale empatado con el expresidente Uribe (los dos con 64%), puede verse que su imagen está fortalecida.
Si en algún momento Santos ve la necesidad de activar un Plan B para 2014, la estrategia sería mover a Vargas Lleras al Ministerio de Defensa, en el que seguramente con su carácter fuerte y discurso beligerante, incrementaría su popularidad a altísimos niveles en menos de lo que canta un gallo. De ahí, la pelea frente a Óscar Iván Zuluaga, Juan Lozano, Martha Lucía Ramírez, Antonio Navarro, Clara López o cualquier otro de los posibles candidatos que han anunciado intención de salir, sería una empresa sin mayores dificultades para resolverse.
P.S.: Qué situación tan indignante para los colombianos que un soldado haya sido ultrajado de la manera como lo vimos esta semana en el Cauca. Nada justifica que a quien representa la institucionalidad se le saque a patadas del lugar donde debería agradecérsele su presencia.
@carlosaperez
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