Los edificios están uno tras otro y uno al lado del otro. Pequeños, de color café, con rayas negras. Las 513 bolsas de papel, con impresiones serigráficas a manera de edificios, de muchos edificios, uno tras otro y uno al lado del otro, están puestos en el suelo, pequeños, en orden y sin techo. Y hay que mirarlos desde arriba, desde lejos y hasta arrodillados.
La obra es de Juan Raúl Hoyos y las fachadas impresas son de diferentes edificios del mundo. Se llama Compound y, según su explicación, hay un juego entre el contenedor y el contenido, aunque solo se ve el primero. Es una mirada a "la vivienda de resolución rápida", pero también al "sin techo".
La reflexión de Juan Raúl está acorde a la de Puntos de fuga, arquitecturas posibles, la exposición que se puede ver en la Biblioteca EPM, como parte de Ciudad Abierta, en el marco de la Bienal Iberoamericana de arquitectura y urbanismo.
Una muestra en la que 18 artistas presentan sus propuestas alrededor de cuestionamientos contemporáneos frente a las relaciones humanas con los espacios, las formas de estar, de habitar y de configurar hábitos.
"Aquí hay una apuesta investigativa, que apunta a descubrir las miradas críticas desde el campo del arte hacia la arquitectura y las múltiples derivadas que tiene", explica Óscar Roldán, el curador de la exposición y a quién se le ocurrió la idea.
Una mirada a la ciudad
La reflexión gira alrededor de lo urbano. Y pasa, entonces, por la preocupación sobre la geografía, los espacios, los territorios y hasta las fronteras. "La geografía podrá ser distinta, pero solo las necesidades son precisamente las que plantean y disponen el terreno", añade Óscar.
Y por esas preguntas pasa la relación entre el morar y el habitar: "cuando uno va a un barrio de arquitecturas posibles, donde la contingencia hace morar y no habitar, las arquitecturas no respetan ninguna concepción de orden".
En este sentido, el nombre de la exposición, Puntos de fuga, tiene que ver con la perspectiva. Sin embargo, y es lo que se deja ver en la muestra, la ciudad de ahora no tiene ni uno, ni tres, ni dos puntos de fuga. Tiene infinitos. "Un poco pensar que la ciudad se puede ordenar es una utopía. La ciudad nunca se puede ordenar", explica, casi concluyendo, el curador.
Suelo Falso es la obra de Mario Ortiz. "Consiste en una mirada aérea de las áreas marginales y destruidas del perímetro de la ciudad, donde se ven las condiciones más precarias de construcción, hacinamiento en el espacio y aprovechamiento de los pocos recursos que hay disponibles para edificar un hábito", describe el artista, que juega con unas estructuras en capas, como pequeñas escaleras, que recrean la topografía de los terrenos.
La exposición hay que recorrerla despacio, por eso de los detalles y los mensajes implícitos. Es para caminarla, mirarla varias veces y encontrarse en algún sitio, como el de las ollas grandes, pequeñas, grandísimas y pequeñitas, que cuelgan del techo.
Pico y Placa Medellín
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