Los colombianos tenemos millones de cosas buenas para contar. Por eso, hoy, en las redes sociales, empieza a circular una campaña que habla de esos temas del país usando como gancho imágenes cliché del estilo narco, de tal manera que sorprende su mensaje positivo.
Se trata de una miniserie que contrarresta la mala imagen de los colombianos en el exterior. Uno de sus creadores, el publicista colombiano Ciro Sarmiento, de la agencia Dieste, Inc, de Estados Unidos, repite el lema de esta campaña: Usamos el estereotipo para acabar con el estereotipo.
Se lo explicamos con un ejemplo: imagine un mandadero de mafioso, un hombre larguirucho, que desciende una camioneta grande frente a una casa. Echa mano a un maletín y, con disimulo, se cerciora que nadie lo está mirando.
¿Qué llevará en ese maletín? ¿Armas, dinero, drogas...? (eso es lo primero que llega a la mente con esa imagen). Entra en la vivienda y, en ella, busca al patrón, en su oficina del segundo piso. Con misterio ingresa y descarga la maleta en el escritorio de este, un sujeto intimidante, fumador.
Se cruzan miradas amenazantes que generan tensión. Con una lentitud que aumenta el suspenso, el patrón abre la valija. Por un momento, nada dice. Se le ve revolver los objetos que encuentra adentro, como si se hubiera percatado de que algo anómalo hubiera en esa mercancía o que esta estuviera incompleta. Mira al mandadero a la cara y le pregunta por La hojarasca.
Sí, la novela de Gabriel García Márquez. Porque ese cargamento que le acaba de llegar es el de los libros del escritor cataquero, galardonado con el Nobel de Literatura en 1982.
Colombia más allá del tabú
Este es uno de los cuatro videos que conforman la campaña The colombian ambush, que en español quiere decir La emboscada colombiana.
“Uno, como colombiano que vive afuera del país, percibe esa idea negativa que tienen contra nosotros. En Estados Unidos hay un boom de narconovelas y películas sobre narcos, que refuerzan esa idea que tienen de nosotros”, afirma Ciro.
El publicista cuenta que hicieron el experimento de preguntarles a varias personas en distintas ciudades de ese país qué conocen de Colombia. Respondieron: “Pablo Escobar”, Cocaína”. Colombia, para algunos, dice, es sinónimo de narcotráfico y prostitución.
“Por eso en la agencia de publicidad, en la que trabajamos latinos, pensamos que un modo efectivo para contrarrestar esas ideas es usar escenas con ambiente narco, para engancharlos”. De este modo, los espectadores, cuando vean la miniserie, con ese título, esa atmósfera y ese lenguaje mafioso, creerán que se trata de otra producción igual, pero se llevarán una sorpresa, como si fueran “víctimas” de una emboscada pacífica que les muestra las cosas buenas del país.
El prejuicio encierra rechazo
Para Pedro Morán Fotul, antropólogo de la Universidad de Antioquia, el estereotipo no se basa en la realidad sino en supuestos. Es una imagen y un ideario construido sobre una base de animadversión. Tanto si es contra un individuo o, como en este caso, un pueblo entero como el colombiano. “Obedece a una actitud de rechazo que, de entrada, tiene una persona hacia otra o un grupo hacia otro”. Es un prejuicio. El sentido del estereotipo siempre es burlesco —añade el antropólogo— o caricaturesco.
Al preguntarle al académico si es posible cambiar esas ideas erróneas, señala que lo peor es reaccionar como usualmente se hace: llenándose de rabia y devolviendo los insultos. Tampoco es buena estrategia negar los conceptos que tienen de nosotros, porque, toda persona y todo pueblo tiene aspectos negativos.
Sugiere que lo mejor es invitarlos a que conozcan más del país. La diversidad natural y cultural, el folclor, la riqueza de la geografía, la gente bonita que hace buenas cosas en Colombia. “Si logramos que alguien se interese, de inmediato se enamora de Colombia”. Y tal cual es el objetivo de la miniserie.
Como si conociera la propuesta de La emboscada colombiana, Morán Fortul recomienda que se realicen contracampañas multitudinarias con contenidos que ayuden a construir imágenes y conceptos positivos que tomen el lugar de las ideas odiosas.
“Entidades gubernamentales y medios de comunicación deben trabajar en este sentido. Y en el ámbito individual, todos los colombianos debemos sentirnos embajadores del país y ocuparnos de hablar bien de él dondequiera que estemos”.
Pedro coincide con Ciro en que si bien esa “contracampaña” debe adelantarse con los extranjeros, también es preciso hacerlo con los colombianos: “muchos coterráneos no conocen bien el país y deben saber más de él para que comuniquen sus bondades”, dice el antropólogo.
El publicista lamenta que personas de Colombia no tienen reparo en compartir chistes que ridiculizan a Colombia, sin darse cuenta tal vez del daño tan grande que hacen.
Para cambiar eso, El Colombiano se suma a la difusión de esta campaña positiva.