Refrescante. Este es el sello de una preparación cuyo principal ingrediente es el vino, en general tinto, que impregna la jarra de ese color rojizo, antojador. De origen mediterráneo —aunque algunos también se lo atribuyen a los ingleses— esta bebida nace cuando al vino se le añaden los cítricos. “En verano era peligroso tomar agua de los pozos, así que para calmar la sed lo que se hacía era mezclar el vino con limón o naranja. De allí el origen de la sangría. El hecho de sumarle alcohol sucedió posteriormente en la región de Castilla de la Mancha, al sur de Madrid, en donde empezaron a añadirle diferentes aguardientes a la fruta. En aquella época se llamó zurra pero luego se le dio el nombre de sangría, por su color rojo parecido al de la sangre”, cuenta Javier Fajardo, chef español y propietario del restaurante Olé Olé.
Los ácidos calman la sed y suavizan el calor, no en vano resulta tan común tomar limonada. “En España, el origen del gazpacho, por ejemplo, es agua con vinagre”, agrega Fajardo.
Con el paso del tiempo, la receta se fue perfeccionando de acuerdo con la tradición de cada zona. Por ejemplo, en el norte de España se acostumbra hacer la sangría con melocotón y pera; en el centro se utiliza más la manzana; en el sur, la naranja y el limón; y así, cada uno emplea lo que tiene a la mano. No existe una receta específica para esta preparación.
La soda empezó a añadirse a finales del siglo XIX porque a las personas les gustaban las burbujas, que resultan ser más digestivas y refrescantes. Por eso, el vino espumoso también es una excelente opción para hacer sangría y, de hecho, existe una muy famosa llamada Agua de Valencia, preparada con zumo de naranja natural y champaña. (Lea también: Opciones de brindis bajo el sol)
Y hablando sobre el tipo de vino más recomendado para hacerla, cualquiera le queda bien, lo importante es saberlo combinar. Para una sangría con vino blanco se recomienda usar frutas blancas o amarillas, como uva y manzana verde, piña, pera o kiwi. Para una sangría rosada, las fresas, lychees, flor de jamaica y hasta guayaba le van muy bien. Y para la tinta, frutos rojos, como la manzana y la uva, la nuez moscada y las canelas. Javier propone que el maridaje entre vino y fruta encaje a la perfección para tener un equilibrio entre lo dulce y lo ácido, en el que ningún sabor sobrepase a otro. Sin embargo, aclara que nada de esto es una camisa de fuerza. Esta bebida está hecha para todos los gustos y las combinaciones no tienen límites.