Cuando se propuso por primera vez en 1984 los investigadores se debatieron entre la incredulidad y la esperanza, pero la búsqueda comenzó de manera activa. ¿Tenía el Sol una compañera?
La hipótesis sugería que se trataría de una estrella enana roja (pequeña y fría) o de una enana marrón (objeto subestelar) perdida en el vecindario.
La búsqueda falló. Ni el rastreo del cielo con el programa 2MASS de 1997 a 2001 ni el Wise, años más tarde, pudo encontrar rastro incluso escudriñando entre los cuerpos más fríos.
Némesis se le llamó a esa ‘compañera imaginaria’, como la diosa griega de la justicia, tal vez irreal, una fantasía mitológica más.
Pero ahora en su rescate llega un sorprendente anuncio. El Sol sí debió tener en sus orígenes hace unos 4.500 millones de años un fiel acompañante, dice el estudio del físico teórico Steven Stahler, de la Universidad de California en Berkeley y Sarah Sadavoy, radioastrónoma del Observatorio Smithsonian.
Según sus estudios de la nube molecular Perseo, todas las estrellas nacen en pares. Esta nube contiene más de 10.000 masas solares de gas y polvo, teniendo estrellas muy jóvenes de entre 2 a 3 millones de años.
“Corrimos varias series de modelos estadísticos para ver si podíamos determinar las poblaciones de estrellas jóvenes solitarias y binarias y el único modelo que reproducía los datos era uno en el cual todas las estrellas se formaban inicialmente en pares amplios. Luego en millones de años esos sistemas se acercaban o se despedazaban”, explicó Stahler.
Por amplios se entiende una separación de 500 unidades astronómicas. Una unidad equivale a la distancia entre la Tierra y el Sol, 150 millones de kilómetros en términos redondos.
Así, una compañera del Sol pudo haber estado 17 veces más alejada que Neptuno, el más distante de los planetas del Sistema Solar, que gira a cerca de 4.500 millones de kilómetros del Sol.
Pero ¿por qué no se ha encontrado? ¿Dónde anda? ¿Cómo es? El nuevo estudio sugiere que se escapó. Ese pudo ser su destino y ahora anda mezclada con las otras estrellas de la galaxia.
Queda la duda además de si con dos soles podría haber existido vida en la Tierra, lo que habría dependido de muchas variables.
La formación de sistemas binarios no es rara. El sistema más próximo a la Tierra es binario y podría ser triple: Alfa Centauri. Y la estrella más brillante del cielo desde nuestro punto de observación, Sirio, tiene una compañera y posiblemente una tercera, sugerida pero no detectada.
Y aunque existen hipótesis sobre cómo dos o más estrellas se hacen compañeras, si nacieron juntas de la misma nube o una se acercó a la otra por alguna influencia gravitacional, el modelo que será publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society sugiere la primera teoría.
Eso lo había insinuado ya Pavel Kroupa, de la Universidad de Bonn, pero no se pudo demostrar en su momento. Hoy, con los nuevos instrumentos en funcionamiento se han encontrado muchas binarias.
Las estrellas nacen en núcleos densos en inmensas nubes de hidrógeno molecular.
Al analizar los datos del rastreo Vandam de la nube de Perseo, hecho desde Nuevo México, los dos científicos encontraron que todos los sistemas separados por más de 500 unidades astronómicas eran muy jóvenes y binarios y estaban alineados con el eje del núcleo denso.
Los modelos sugieren que esos núcleos densos colapsan en dos, naciendo el par de estrellas. Y hace más de 4500 millones de años pudo suceder en los albores de nuestro Sistema Solar.
El Sol, según el estudio, tuvo compañera, pero... se le escapó con rumbo desconocido y nunca regresará.