Es un mago, literal: desaparece de la vista convertido en otro objeto. Y un experto en esconderse: arrastra dos mitades de coco para meterse en una y.. taparse. Especialista también en resolver complejas pruebas, como abrir un frasco.
Es el pulpo. O, mejor, son los pulpos porque pueden existir alrededor de 300 especies de este cefalópodo, aunque pocas se conocen y se han medio estudiado.
Es lo más parecido a un alienígena, han dicho biólogos como Peter Godfrey-Smith. Tiene ocho brazos, un cerebro grande y tres corazones. Y millones de neuronas, la mitad de las que, extrañamente, están regadas por sus brazos.
Para conocer más de tan sorprendente animal, científicos secuenciaron el genoma de uno, un pulpo Octopus bimaculoides y hallaron algunas sorpresas de este cefalópodo, que al igual que los calamares, pertenece a una clase de moluscos depredadores con una historia de más de 500 millones de años y que habita casi todos los ambientes marinos, dice Clifton Ragsdale, uno de los investigadores, de la Universidad de Chicago.
“Es definitivamente distinto a otros animales, incluso otros moluscos”, afirma.
El genoma revela la expansión de ciertas familias de genes, entre estas las protocadherinas, una familia que regula el desarrollo neuronal y las interacciones de corto rango entre neuronas: tiene 188 genes de estos, 10 veces más que otros invertebrados y más del doble que la mayoría de los mamíferos.
También es rico en genes reacomodados. “Con pocas excepciones notables, los pulpos tienen básicamente un genoma normal de invertebrado, pero completamente reacomodado, como si lo hubieran puesto en una licuadora y mezclado”, en palabras de Caroline Albertin, coautora del estudio publicado en Nature.
Identificaron cientos de genes específicos de ellos, muchos en el sistema nervioso, la retina y los succionadores.
Dentro de estos, seis reflectinas, genes involucrados en la manipulación de la luz y el camuflaje.
El análisis mostró asimismo que se separaron de los calamares hace cerca de 270 millones de años.