187
mil seguidores en Instagram tenía Belle Gibson, la joven que fingió haber tenido cáncer.
Recientemente, después del terremoto de Nepal, circuló una foto en la que se veía un par de niños abrazados. Un usuario de Facebook la publicó en su cuenta, con la frase: “La hermana de dos años y medio, protegida por su hermano de cuatro años, en Nepal. Quizás una de las imágenes más hermosas del siglo”. La publicación fue compartida 193 mil veces en Facebook, y de allí se amplificó a otras redes sociales.
Al día siguiente, el fotógrafo Na Son Nguyen desmintió la historia en Twitter: “Esta es mi foto de dos niños vietnamitas, tomada en 2007 en la provincia de Ha Giang. No es de Nepal”, escribió. Aunque la foto era real fue viral con una historia que la ubicaba en un contexto falso y coyuntural.
Cada vez es más difícil saber si lo que circula en internet es real o no. Hasta los medios tradicionales de comunicación han caído en las trampas de las falsas historias que se viralizan en las redes sociales: fotos sacadas de contexto, montajes, personas que aparentan tener una vida diferente a la que llevan y hasta historias de políticos.
¿Por qué se viralizan contenidos como la foto de los hermanitos abrazados? “Participamos en coro dando ‘like’ o ‘fav’ a asuntos que nos son comunes. Queremos abrazar al débil, porque nos consideramos buenos y en una actitud vergonzante, pensamos que participando o ampliando el drama, nos conmiseramos y nos hacemos piadosos” dice Mauricio Velásquez, profesor del área de cibermedios y televisión del pregrado de Comunicación Social de la Universidad Eafit.
Lea también: Amor reluciente o el oscuro novelón web
El cáncer que no fue
Esa lluvia de “likes” o “me gusta” cayó sobre la australiana Annabelle Gibson, quien se hizo famosa en su país y trascendió fronteras gracias a la conmovedora historia que dio a conocer en redes sociales. Madre soltera, de 23 años, Gibson le contó al mundo cómo había superado un cáncer terminal, al abandonar el tratamiento médico, cambiar su alimentación y hacer ejercicio.
Los primeros capítulos de la historia fueron contados en Instagram en 2013 y después se extendieron a un blog. Fue tal el impacto de sus publicaciones, que salió en artículos de revistas, estuvo invitada a programas de televisión, la editorial Penguin Books publicó un libro sobre su superación y sus recetas, y creó la aplicación “The Whole Pantry”, de comida orgánica y estilo de vida -de las pocas seleccionada por Apple para aparecer en su primer teléfono inteligente-.
Su reputación empezó a tambalear a finales de 2014 porque había algunas incoherencias en sus relatos, y porque las donaciones que prometió a diferentes fundaciones, con lo recaudado por las ventas del libro, no se habían hecho efectivas.
En abril de este año, “Belle”, como era conocida, confesó en la revista australiana “The Australian Women’s Weekly” que todo había sido mentira. Nunca tuvo cáncer.
Los 187 mil seguidores de Instagram, los lectores de su blog, los que pagaron 35 dólares por el libro de recetas y los que descargaron la aplicación -con la que recaudó aproximadamente 1 millón de dólares-, mostraron su decepción y enojo a través de redes sociales.
Más allá de los motivos que haya tenido la australiana para montar esta gran mentira, esta historia se convirtió en un llamado de atención a los medios de comunicación, que muchas veces actúan como validadores de lo que circula en redes sociales.
“Los falsos rumores o las mentiras en la prensa son motivos del pobre control y rigurosidad de algunos periodistas y medios o simplemente por la intencionada manipulación por intereses”, dice Hugo Pardo Kuklinski, Director General de Outliers School, empresa especializada en cultura digital y pensamiento disruptivo.
Cascadas de rumor
Snopes.com, es un popular sitio web que documenta los rumores, memes y leyendas urbanas que circulan en internet. Analiza la información que le llega, la califica y la clasifica en varias categorías: real, falso, mezcla de real y falso, inclasificable, leyenda.
En el estudio “Cascadas de Rumor”, realizado por investigadores de Facebook y la Universidad de Stanford en 2014, se analizaron 4.761 rumores publicados en Snopes.com y encontraron que alrededor del 22% de esos pertenecían a temas políticos, el 12% eran fotos con algún montaje o imágenes reales pero con historias falsas y un 11% eran mensajes que circulaban por correos electrónicos o en cadenas de redes sociales de dudosa procedencia.
En porcentajes menores estaban los rumores con temas médicos, crímenes, alimentos y tecnología.
“La redes sociales tienen su cara buena y mala. Son un valioso mecanismo para la corrección natural de los recursos honestos de los grandes medios. Pero también fortalecen los mismos riesgos que otras instancias de comunicación deliberativas: amplificación de errores, efectos de cascada, perfiles ocultos y polarización de los grupos” dice Pardo Kuklinski.
En febrero de este año, después de que el mundo viera cómo Muath al-Kasasbeh, un rehén jordano era quemado por el Estado Islámico, se propagó en Twitter una foto de un grupo de niños dentro de una jaula. “El ISIS está quemando niños vivos”, decía uno de los mensajes. En realidad, se trataba de una protesta contra las fuerzas leales al presidente de Siria, Bashar al-Assad, que las comparaba con ISIS.
Las fotos y noticias acerca del extremismo islámico son de las que más generan rumor (hacen parte del porcentaje de temas políticos).
“Hablando del debate político en la red, Cass Sunstein dice que la deliberación política es muchas veces una parodia de deliberación, porque los opuestos no se escuchan mutuamente y entonces se amplifican los errores de los miembros concordantes. Aquí pasa algo similar.”, agrega Pardo Kuklinski.
Los desastres naturales también desatan oleadas de rumores. “Allí surgen para ayudar a llenar los vacíos de conocimiento e información. También son algo así como un mecanismo de supervivencia, una válvula de escape en situaciones de peligro y ambigüedad”, dice Craig Silverman, creador del portal Emergent.info, que monitorea en tiempo real las noticias sin confirmar que se comparten en la red.
Los rumores continuarán propagándose porque son impulsados por la curiosidad y el deseo de más información. “En las redes sociales se potencian, con un agravante: A nadie le gusta ser el único que disiente, por miedo a ser cuestionado se elige el silencio. Y así ayuda a propagar el falso rumor o la mentira. El que calla, otorga” dice Hugo Pardo.
“La forma de evitarlos es formar parte de una red abierta y atractiva y convertirse en un pequeño editor de tu propia red”, concluye.