Las viejas paredes de tapias y sus techos en caña brava y barro, guardan los recuerdos del desarrollo de Antioquia.
En las estaciones del ferrocarril, cientos de hombres con trajes oscuros, camisas blancas, corbatas y sombreros esperaban el tren que los llevara a un destino de negocios.
Con besos en las mejillas y las lágrimas corriendo por sus rostros, las mujeres —impregnadas de sobriedad con sus vestidos largos y claros— despedían a los esposos que partían, no sin antes abrazar a sus hijos, también radiantes de elegancia, como un copia de sus padres.
Era mediados del siglo pasado y las estaciones lo eran todo: punto de encuentro, comercio, turismo y prosperidad.
Hace 40 años las máquinas dejaron de sonar. Las estaciones, referentes de las poblaciones, fueron quedando en el olvido, opacadas por otros medios de transporte. Tan solo perduran las huellas de sus estructuras y los pobladores que se las tomaron para convertirlas en viviendas.
Quizá pasó más tiempo del necesario para reconocer la importancia histórica de estos lugares, pero el Ministerio de Cultura, Invías y las poblaciones se dieron al propósito de recuperar esa memoria. La primera fase de esa anhelada restauración ya se logró. Durante, al menos, tres años se ejecutó y comprendió intervenciones en las estaciones Limón, Cisneros y Caracolí el Ferrocarril de Antioquia.
En total fueron cerca de 1.450 millones de pesos invertidos en el proyecto que seguirá con la recuperación de la estación de Itagüí, en un año.
Juan Manuel Espinal, gerente regional de Invías, anota que buscaron conservar las maderas y la ventanería de las estaciones, pero reconoce que el estado de algunas era deplorable y las consumía la vegetación en su interior.
“Fue un gran trabajo con arquitectos de Invías especializados en rescatar la memoria de estos bienes valiosos. Es el despertar de un sentimiento de la gente de los pueblos en torno al ferrocarril”, concluyó.