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El plan de hacer natilla en familia

Aunque muchos están acostumbrados a preparar este dulce navideño con la práctica receta que viene en caja, todavía hay quienes prefieren hacerla con el proceso tradicional.

  • La familia Muñetón acostumbra reunirse el último sábado antes del 24 de diciembre para preparar entre 5 y 6 kilos de maíz para hacer la natilla y repartirla entre su familia y conocidos. FOTOS Julio Herrera y Miguel ángel López
    La familia Muñetón acostumbra reunirse el último sábado antes del 24 de diciembre para preparar entre 5 y 6 kilos de maíz para hacer la natilla y repartirla entre su familia y conocidos. FOTOS Julio Herrera y Miguel ángel López
  • El plan de hacer natilla en familia
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28 de noviembre de 2016
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Por Miguel Ángel López

“¿Y usted dónde estaba? Se perdió la natilla. Ya no le voy a dar”, le reprocha entre risas Ligia Arango a su hermano, cuando llega tarde a la cita que tenía su familia para preparar este postre navideño.

La de esta semana es una Twittercrónica dulce, que acompaña a doña Ligia, sus hijos, yernos, nueras y nietos en una tarde en la que se reúnen en familia a preparar una natilla, pero como las de antes, con maíz, molino, paila y fogón de leña.

Todos tienen que ayudar

Doña Ligia ya tiene 80 años y en su matrimonio con José Pablo Muñetón crió seis hijos con comida bien tradicional, porque nunca fue capaz de cocinar algo distinto. “Solo fríjoles, sancocho y arepa”, comenta.

Uno de ellos es Juan Pablo Muñetón. “Mi papá nos despertaba a las 6 o 7 de la mañana, usualmente el 23 de diciembre, a que ayudáramos con la natilla. Y no era si quería, era sí o sí”, recuerda.

Para prepararla se necesitan muchas manos. El primer paso empieza antes, en la mañana, o el día anterior si se puede, cuando cocinan el maíz y lo dejan enfriar para poderlo moler con mayor facilidad.

Mientras Juan Pablo muele, doña Ligia se sienta junto a dos de sus nietas a terminar de amasar el maíz con sus manos, y otra persona va picando el coco, el quesito y partiendo los clavos de olor.

Después de pasarlo una, dos y hasta tres veces por el molino, y un rato por las manos de doña Ligia, sigue el momento de colar. Sentada en una silla pone el mecedor encima de la paila para apoyar el colador. Una, dos, tres y las veces que sea necesarias.

El toque especial está en sacar el espeso del maíz (la masa que queda después de colarlo) y volver a molerlo. Un proceso que se repite las veces que sea necesario para sacar el mayor sabor posible.

Comida que huele a tradición

“Ave María, ¿por dónde empezar? Primero que todo la de caja no sabe igual, pero es más sobre lo que viene con la natilla, que nos reúne a toda la familia”, cuenta Ana Catalina Jiménez, una de las nietas que acompaña a su abuela, antes de pelear con una prima para que a ella le toquen dos porciones.

Con música parrandera de fondo, Ana Catalina regaña a su mamá, María Luz Muñetón, por estar bailando mientras ayuda a colar la natilla. “¿Pero yo qué culpa? Los pies se me mueven solitos”, le responde ella.

A María Luz preparar la natilla le recuerda a su papá. “Nosotros crecimos con esto, haciendo hasta seis kilos y repartiendo en todo el barrio”, dice antes de ir a preparar la masa de los buñuelos.

Ni María Luz, ni Ana Catalina, ni Juan Pablo pueden ayudar a colar, porque hay reglas que doña Ligia hace respetar: no le pueden meter la mano dos personas, ni mujeres embarazadas o que estén menstruando, porque la natilla se vinagra. “No haga lo que ella dice para que vea qué pasa”, afirma María Luz.

Esto se cocina a fuego lento

Mientras doña Ligia terminaba de colar, Francisco José Muñetón armaba el fogón en la calle con tres ladrillos y leña. “Aquí es cuando empieza la parte más larga. Son unas tres horas, si no es más, que uno se tiene que quedar con el mecedor para que no se pegue”, cuenta antes de que doña Ligia se quite el delantal y le advierta: “Ojo me corta la natilla”.

Después de freír los buñuelos y haber cuajado la natilla, entre todos la sirven en platos personales y dejan la paila en el suelo, para que a los que les gusta el “pegado” se acerquen con una cucharan

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