“Asombro” podría ser la primera palabra para definir la primera impresión. Por momentos me sentía a miles de kilómetros de Medellín, en alguna ciudad futurista y ultramoderna. Después seguirían “majestuoso”, “sorprendente”, “maravilloso” y varios suspiros de admiración en cada espacio recorrido.
Hablo del colegio Lusitania Paz de Colombia, recién inaugurado por el alcalde Aníbal Gaviria y el presidente Santos, en el sector de Nuevo Occidente, un lugar que debería ser incluido en nuestros folletos turísticos para que propios y extraños veamos cómo se convierte un sector deprimido en orgullo de ciudad.
Reparé el colegio una y mil veces mientras jugaba con la paz de Santos en los dedos, léase con la palomita de cartón endeble pegada de un gancho...