El calor parece haber desatado la rabia de muchos, unas furias innombrables, el sol se transforma en calentura, este Niño es un fenómeno, está furioso y los imberbes que nos gobiernan o los que creen hacerlo parecen estarlo aún más, cada acto, respuesta o actitud nos demuestra su inmadurez; la rabia, que enceguece y obnubila, hace que se publiquen y digan cosas que por inapropiadas e irreflexivas se devuelven contra uno mismo, dice el refranero popular que quien escupe hacia arriba le cae en la cara.
Frente a tanto frenesí, me pregunto qué sucedería si institucionalizamos un día del silencio y acallamos toda esta algarabía, a todos estos parlanchines, a tanto dueño de verdades absolutas. Qué sucedería si desinstitucionalizamos la soberbia, la...